Adaptaciones (XV): Miss Marple, de George Pollock con Margaret Rutherford

12 abril, 2013

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Agatha Christie
Siguiendo con nuestro especial dedicado a la figura de Agatha Christie, iniciado con el análisis de la serie Poirot (vid, ¡A ponerse series!), procedemos ahora a comentar las cuatro estupendas películas que en la década de los sesenta tuvieron como protagonista a la entrañable Margaret Rutherford en el papel de miss Marple, el otro gran personaje creado por la novelista inglesa. Continuamos inmersos en el fascinante mundo de expresiones tales como ¡¿No estará usted sugiriendo…?!, o ¿Cómo diablos lo supo? Fortunas familiares, bizcochos de té, y un pueblecito donde se leen novelas policiacas.

Las cuatro películas fueron realizadas por George Pollock para Metro Goldwyn Mayer y contaron con la música pegadiza de un estupendo compositor, Ron Goodwin.También el reparto principal fue el mismo, lo que otorga cohesión al conjunto: Margaret Rutherford como miss Marple, Charles Tingwell como el sufrido inspector Craddock, y Stringer Davis como el amigo bibliotecario, compañero y confidente de miss Marple, el Sr. Stringer (sic).

Al parecer, la propia Agatha Christie quedó contenta con el resultado, porque si bien no se trataban de unas adaptaciones en sentido estricto de sus novelas, como sí se haría años más tarde, todo el ambiente recreado, la interpretación de Rutherford y el conjunto en general, chispeante y ameno, fueron del agrado de la escritora.

Miss Marple (Margaret Rutherford)
Miss Marple al Sr. Stringer: ¿Ha leído usted alguna novela de detectives que se detenga en un solo asesinato?

Cronológicamente, El tren de las 4:50 (Murder, she said, 1961) es el primer título. Miss Marple se encuentra en el tren que parte de Paddington y la lleva a su idílico lugar de residencia, el pueblecito de Milchester. Para entretenerse durante el viaje lee la novela de detectives “La muerte tiene ventanas” (casi parece un título de Cornell Woolrich) cuando, de repente, es testigo de una escena de asesinato, en el compartimento de un tren que pasa a su lado. No puede haber error y, debido al escepticismo del inspector, inicia por su cuenta una investigación con la complicidad del bibliotecario del pueblo.

Las pesquisas la conducen hasta un curioso caserón, se diría que perdido en la nada, junto a las solitarias vías del tren. Es bonita la imagen de la entrada a la finca con el tren a sus espaldas. En dicha finca, por supuesto, anida una disfuncional familia rondando en torno a la fortuna del patriarca.

Una pléyade de personajes, mezquinos de opereta, que incluye la figura de un jardinero siniestro, pero de entre los que destaca el resuelto nieto del propietario, Alexander (Ronnie Raymond), que tiene bastante gracia. En esta casona entrará finalmente a trabajar miss Marple como cocinera.


Un buen apunte de puesta escena lo hallamos durante el encuentro final entre la investigadora y el asesino, que queda reflejado en el espejo. La clave, más que en mirar, está en observar. Por ejemplo, por medio de los faros de una bicicleta, que descubren un cuerpo en mitad de la noche. O entre las antiguas caballerizas, con sus carricoches abandonados, cubiertos de polvo los pescantes y arrumbados unos curiosos objetos egipcios, de los que ya nadie se acuerda, pero que hablan de un pasado más esplendoroso para la familia.

Entre los actores, característicos como Thorley Walters, James Robertson Justice y Joan Hickson, que curiosamente será la encarga de interpretar a miss Marple en la posterior y celebrada serie para TV de la BBC. Mención aparte hacia un actor tan relevante como Arthur Kennedy, que interpretó aquí al médico de la familia.

El tren de las 4:50
Después del funeral (Murder at the gallop, 1963) prosigue esta línea de misterio y sentido del humor que ya no abandonará el ciclo.

El arranque muestra a miss Marple como un miembro activo de la comunidad. Acude a pedir un óbolo a una decrépita mansión de Milchester (de nuevo la idea de un pasado esplendor), donde su dueño, el señor Enderby (bajo los esporádicos rasgos de Finlay Currie) cae literalmente fulminado a sus pies. Para colmo un visitante la pilla con el arma en la mano y agarra un susto morrocotudo. Muerte por un gato, certifica miss Marple ante la nueva pasividad de las autoridades.

Miss Marple con el inspector Craddock
De nuevo asistimos a un edificante desfile de personajes ácidos o abiertamente depravados, no exentos de ese elemento paródico con que Agatha Christie gustaba de adornar sus relatos. El escenario, en esta ocasión, se traslada a un coqueto hotel-escuela ecuestre en pleno campo.

Entre los momentos más divertidos, aquel en que Miss Marple cita a Agatha Christie como una de las fuentes que más conviene leer si se pretende resolver un crimen; o la lectura del testamento a los familiares, donde se nos dice que el difunto les lega toda su fortuna para que les haga lo más desgraciados posible. O ese otro en que el heredero Hector Enderby (bajo los rasgos del gran Robert Morley), asegura que es inusual que una mujer inglesa prefiera leer a montar a caballo, ¡pero es posible!

Un sarcasmo que incluso se traslada a la propia puesta en escena, cuando miss Marple, en ventajosa posición, no alcanza a ver a uno de los interlocutores de una conversación desde una ventana.

Rutherford con Robert Morley
En La señora McGinty ha muerto (Murder most foul, 1964), un bobby rural con aire furtivo recibe una cerveza al hacer la ronda nocturna, mientras al lado perece la vecina de Milchester Miss McGinty. El destino quiere que el policía descubra al falso culpable ¡con la soga en la mano y rodeado de billetes!

Los créditos se superponen a las imágenes del juicio sin que medie sonido alguno, salvo la banda sonora, logrando transmitir en todo momento el buen humor y la socarronería del relato. Y formando parte del jurado, aparece miss Marple, que lejos de quedar convencida con las pruebas circunstanciales logra, como el personaje de la obra de Reginald Rose y por agotamiento, la revisión de la causa, para desesperación (siempre amistosa) del comisario Craddock.

Junto al señor Stringer
De hecho, toda la película parece una representación teatral, en el sentido más positivo, donde realidad y ficción se entremezclan: los acontecimientos se desarrollan en el interior de una humilde compañía de teatro comandada por H. D. Cosgood (Ron Moody), en la que entrará a formar parte miss Marple como actriz de reparto y posible patrocinadora (o “angel”, como ellos lo denominan en argot).

Miss Marple va esparciendo motivos para el asesinato cometido aquí y allá, con el ánimo de atrapar al criminal, cosa que finalmente logra, tras salir ella misma indemne de varios intentos de asesinato, tan ingeniosos como el del gas de cianuro. Entre los momentos más hilarantes, aquel en que se dice en escena, puede que creas que la policía es tonta, mientras que tras el sargento de guardia se comete una fechoría.


Asesinato a bordo (Murder ahoy, 1964) fue la última película, y cuenta un episodio totalmente original. Acontece en un Centro para la reeducación de la Juventud, a cuyo Consejo pertenece miss Marple por razones de parentesco: es la sobrina-nieta del fundador. El Consejo de dicha Fundación está regido por el obispo Faulkner (interpretado con su habitual desenvoltura por Miles Malleson), pero el centro en cuestión es un escenario genial, un antiguo galeón.

Este está gobernado por el capitán Rhumstone (Lionel Jeffreys; la similitud con la palabra ron en inglés es evidente), un hombre que aún cree en el mal fario y que en determinado momento recrimina a un subordinado diciendo: ¡Prometido! ¡A una mujer! ¡Explíquese!


Buenos apuntes a retener son las estanterías de miss Marple, todas repletas de libros policiacos, o una sombra fugaz en ventana del barco, por la parte exterior; o la imagen del cadáver atravesando una estancia. Y entre los momentos más sarcásticos, está el asesinato de uno de los miembros del Consejo, lo que pone en marcha toda la investigación. O el comentario del capitán, que no puede reprimir decir ¡qué manera más hermosa de morir! al contemplar al occiso. Y por supuesto, el descubrimiento de que la joven tripulación del navío es una buena colección de Rinconetes y Cortadillos con disciplina militar, cuya hilarante complicidad provoca un baile de luces entre el barco y la costa.


Asesinato a bordo es el divertido y digno colofón de una serie de películas que ningún aficionado debería perderse.

Una imagen irrepetible: Rutherford, Sophia Loren y Charles Chaplin en el rodaje de La sra.McGinty ha muerto

Escrito por Javier C. Aguilera



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