Antes de ti, de Thea Sharrock

25 julio, 2016

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Las relaciones nunca son fáciles, en ningún sentido. Los problemas que se nos presentan tanto con amistades como con amores forman parte inevitable de la vida de cualquier persona y, por ello, de cualquier creación artística. Sin embargo, como sucede como una gota cuando golpea la superficie del agua, hay personas que disturban y modifican nuestra vida, provocando cambios que a veces son imperceptibles, pero que cuando miramos atrás nos hacen descubrir cuánto hemos cambiado. Este fenómeno se intensifica cuando las situaciones son más extremas, cuando afrontamos problemas que en ocasiones no comprendemos. Porque a veces resulta muy difícil, o imposible, situarse en la posición del otro. Hay muchas obras que tratan sobre estas cuestiones, pero hoy hablamos de Antes de ti (2016).

La debutante Thea Sharrock ha comenzado su carrera cinematográfica con esta adaptación tras casi veinte años trabajando en el teatro y una única participación en televisión en 2010. No apreciamos en su dirección ningún detalle especial o que muestre su personalidad, manteniéndose correcta en la ejecución de este drama romántico con algún que otro descuido o la sensación de que quedan algunas escenas colgadas o sueltas, quizás por una mala decisión en el montaje. 

Antes de ti está basado en la novela de Jojo Moyes, que también ejerce aquí de única guionista, una autora especializada en obras románticas, pero sin ninguna experiencia destacable en el terreno cinematográfico. Podemos mencionar para quien pueda interesarle que la novela tiene una continuación llamada Después de ti (2015) sobre las vivencias posteriores de la protagonista.

En un pequeño pueblo de la campiña inglesa reside Louise Clark (Emilia Clarke), una joven alegre y creativa, es despedida por el cierre de la pastelería donde trabajaba y debe buscar un nuevo trabajo para ayudar a su familia. En esa situación, aceptará trabajar cuidando y asistiendo a Will Traynor (Sam Claflin), el primogénito de la familia más adinerada de la zona, que tras ser atropellado quedó tetrapléjico. La actitud agria de Will chocará inevitablemente con la bienintencionada Louise, que tratará de hacerle cambiar sin darse cuenta de que ella también se verá influida por esta relación. Sin embargo, en este proceso, Louise se está enfrentando a una prueba contra el tiempo para cambiar la auténtica voluntad de Will.


De forma evidente, estamos ante un drama romántico que parte a su vez de la tragedia personal de uno de sus protagonistas. En esta clase de historias, lo habitual es que ambos personajes cambien de forma mutua. Este fenómeno lo hemos visto en otras películas semejantes, por ejemplo, ya sucedía en Un paseo para recordar (Adam Shankman, 2002), donde el habitual gamberro juvenil suavizaba su actitud y alcanzaba la madurez gracias a que se enamoraba de una joven enferma que en origen le rechazaba. El rol se invertía en Noviembre dulce (Pat O'Connor, 2001), en el que la persona enferma trataba de cambiar la vida de diferentes personas, en esta ocasión un ejecutivo demasiado ocupado como para ser feliz. Hasta La bella y la bestia (Kirk Wise y Gary Trousdale, 1991) tiene un argumento similar, variando la enfermedad por una maldición, pero sosteniendo el mismo encuadre: una persona jovial y entusiasta cambia la vida a otra persona huraña y malhumorada, cuya actitud es en verdad un velo de su auténtica personalidad, generalmente cambiada por hecho personal relevante que le ha dejado marcado, como suele ser una enfermedad.

Ahora bien, a diferencia de estas películas, las habilidades de Louise son más bien torpes, incluso mostrando un comportamiento inadecuado para el ambiente en el que trabaja. Este hecho, unido a la tetraplejia de Will, ha provocado la comparación inevitable con Intocable (Olivier Nakache y Éric Toledano, 2011), pero suavizada en sus salidas de tono y de una evidente finalidad romántica de la que prescindía la cinta francesa, más interesada en la fraternidad que alcanzaban sus protagonistas. Así pues, tenemos un cóctel de lugares comunes en películas dramáticas y románticas con algunos elementos de Intocable junto al carácter o a las características de biopics de dramas médicos. A ello se unen otros elementos que no siempre aparecen en este cóctel y que componen quizás la parte más personal de la película, aunque su tratamiento tampoco sea excelso.


Para hablar de estos elementos, los dividiremos en dos apartados: el ámbito que rodea a Will y a su tetraplejia y el ámbito que rodea a Louise. El primero es sin duda el más complejo y al que más tiempo la dedica la película. Antes de ti nos acerca de nuevo a las dificultades de una vida discapacitada, algo que tampoco es una novedad y que otras películas han tratado con mayor crudeza, incluyendo los biopics antes mencionados, podemos recordar, por poner un ejemplo, una obra también reciente: La teoría del todo (James Marsh, 2014). En este sentido, tiene la misma superficialidad que Intocable, que es más que suficiente en este caso: el tratamiento fisioterapéutico para impedir que los músculos se atrofien, la cantidad de fármacos necesarios o las problemáticas sanitarias que se derivan de esta situación, como la facilidad para enfermar de una neumonía o la sudoración anómala, cuestiones médicas que son mencionadas por el asistente y fisioterapeuta Nathan (Steve Peacocke), la voz médica en esta obra cuya personalidad es estereotipada.

Debemos sumar a su vez las declaraciones de Will, que habiendo tenido una vida plena, ansía recuperar una libertad que ya no siente al estar atado a su silla. Debemos destacar aquí la actuación de Sam Claflin, que a través de sus expresiones faciales y de su voz debe dar entidad a su rol y lo consigue de forma efectiva. Una de las cuestiones que se trata también en Antes de ti es la opción de la eutanasia, sin tanta profundidad como en obras que lo tienen como tema principal, en el caso de, por ejemplo, Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004), pero que aporta una cuestión original y también relevante dentro de su género, a pesar de caer en tópicos excesivamente subrayados (como situar al único personaje en contra de la eutanasia enfocándolo en primer plano con un colgante cristiano).


Otro asunto poco tratado en este tipo de dramas románticos, que suelen centrarse en la relación principal, es el papel de los padres para con el enfermo. En esta ocasión, con dos actitudes diferentes que, sin embargo, convergen en su preocupación común: Camilla Traynor (Janet McTeer), que mantiene la esperanza de que su hijo recupere la felicidad perdida y cuya dependencia filial se nos muestra a través de elementos concretos en escena, como un dibujo de Will cuando era niño o fotografías diversas, y Steven Traynor (Charles Dance), que a pesar de mostrarse distante en principio, se muestra firme y comprensible con su hijo, facilitando sus deseos aunque estos vayan contra lo que le gustaría. Dos formas diversas de querer a una persona que son muy bien sostenidas por estos dos veteranos actores.

Ahora bien, como sucedía en Intocable, la familia Traynor no solo está bien posicionada, sino que es rica. Resulta curioso cómo este tipo de historias en cierta forma esperanzadoras se dan en estas circunstancias donde el dinero juega un papel relevante, aunque sea secundario, dado que si esta factor no se diera, la película no podría ser igual. Obviamente, no podemos acusar aquí a las familias adineradas de no ser humanos o tener tragedias personales, como en el caso del protagonista de Antes de ti, pero da la sensación de que se han convertido en los nuevos príncipes de los cuentos de hadas, si acaso no lo eran ya desde hace tiempo.


El ámbito de Louise es bien distinto: una familia media con ciertas dificultades económicas debidas seguramente a la crisis (o como se mencionará posteriormente, a las acciones de grandes empresas) y a la falta de empleo. En este sentido, la familia se convierte en una atadura incluso social, una carga que trata de proporcionar el peso negativo a la vida de la protagonista, que pese a su entusiasmo (en ocasiones, infantil) no puede cumplir con lo que desea por estar atada a su situación familiar. Incluso debe sacrificarse para que otros cumplan sus sueños, en el caso de su hermana Katrina (Jenna Coleman), que es su principal apoyo.

Sin embargo, todo el ámbito relativo a la protagonista está teñido de estereotipos y personajes planos, incluyendo el peso religioso, la maternidad temprana, la madre típica, el padre comprensivo y hasta un novio indiferente. Sobre este último, Patrick (Matthew Lewis), recae el tópico del novio obsesionado con un tema, en este caso los deportes, que ignora a su pareja, de forma que cuando se percata de su error, trata de enmendarlo demasiado tarde. Sin duda, el apartado más innecesario de la obra, por ser una subtrama pesada, que no aportada nada y plana en todo su desarrollo. Sobre los actores, no podemos destacar gran cosa, dado que sus roles tampoco les permiten más. Sobre Emilia Clarke, archiconocida por su papel en Juego de tronos (2011-), se siente extraña en su papel, con ciertos gestos sobreactuados, aunque sin duda logra darle credibilidad en su emoción tanto entusiasta como dramática.


En otros apartados, debemos destacar una banda sonora compuesta por canciones del pop que resultarán conocidas para el espectador, aumentando su implicación con la historia, incluyendo temas de Ed Sheeran, Cloves, Jack Garratt o The 1975. Por lo demás, no destaca mucho más la obra de Craig Armstrong, que está dentro de lo habitual, aunque realiza una buena selección de canciones, algo a lo que está acostumbrado el también compositor de las bandas sonoras de Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001) y Love Actually (Richard Curtis, 2003). Y como mencionábamos antes, algunos errores o descuidos de montaje, que nos dejan con alguna escena suelta o excesivos recursos vacíos, como movimientos de cámara que no aportan ni significan nada.

Es cierto que no podemos esperar más de Antes de ti que lo que prometía ser: un drama romántico con ciertos toques de comedia, tono esperanzador y cierta tragedia médica. En este sentido, se adentra en el género sin pudor, con sus tópicos y estereotipos. Lo bueno es que si acudes a verla sin mayor exigencia, seguramente te resulte grata y hasta valiente al adoptar una decisión culminante que consigue una sensación agridulce para el espectador. No obstante, no es una obra innovadora, no se atreve tampoco a ir más allá ni se muestra tan dura como podría. No ha venido a revolucionar el panorama, sino a convertirse en una más, pero siendo consciente de ello y permitiendo, por tanto, que el espectador disfrute si acepta lo que es.

Escrito por Luis J. del Castillo



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