Clásicos Inolvidables (XLIX): Todos los fuegos el fuego, de Julio Cortázar

18 julio, 2014

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Julio Cortázar
Un lector precoz, tanto que tuvieron que recomendarle bajar el ritmo de lectura y que saliera a que le diera el sol. Así podríamos definir al Cortázar niño, primeros pasos del que sería uno de los mejores ejemplos de la literatura argentina, aquella heredera del pensamiento europeo, pero de una manera más crítica al no tener tras de sí los antepasados reales de la filosofía. Si hubo quienes optaron por volar a través de toda esa cultura para crear relatos realmente complejos por la cantidad de florituras culturales o pseudoculturales, como fue el caso de Borges, Cortázar optó por una escritura más cercana, pero a la vez, requiriendo a un lector activo, suspicaz.

Todo aquello que representó el esfuerzo por renovar la narrativa en el siglo XX, buscando no solo la experimentación per se, sino la muestra fascinante de un cambio profundo que comenzó a darse en la literatura a través de la poesía y que tuvo un efecto arrollador en lo que se vino a denominar boom de la literatura hispanoamericana, el boom de ese redescubrimiento por parte de los lectores de los autores hispanohablantes allende los mares.

Dedicado a la literatura hasta sus últimos días en París, donde fallecería a causa de una leucemia en 1984, con 69 años, escribió en alguna ocasión poesía, aunque en su vertiente prosaica, e incluso teatro, pero, aparte de por novelas como la célebre Rayuela (1963), Cortázar destacó por sus relatos y cuentos, compilados en distintos libros:  Las armas secretas (1959), Historia de cronopios y de famas (1962), Todos los fuegos el fuego (1966) o Deshoras (1982) pueden servir de ejemplo. 

Para acercarnos a su literatura, debemos tener en cuenta el cambio de paradigma que se da en cuanto al elemento fantástico en la narrativa, que hasta este momento se había visto relegada al plano de la superstición o al de lo ajeno al hombre, lo monstruoso o lo terrorífico, tomando como ejemplo la novela de Drácula (1897), de Bram Stoker. Lo neofantástico, sin embargo, sitúa ese elemento anómalo en lo cotidiano del ser humano, como ocurre con La metamorfosis (1915) de Kafka: sucede algo extraño que no causa temor, sino incertidumbre al lector, y que es asumido por sus protagonistas como algo normal.

Con todo ello, se está rompiendo con la realidad que, hasta entonces, había sido el eje central de la narrativa a través de la novela realista. El objetivo es mostrarnos la ficción, pero siendo verosímiles a la misma. Cortázar juega con el lector en sus relatos para que permanezca alerta, para que sea un lector activo que descifre y reelabore el texto, introduciendo para ello elementos desconcertantes o vueltas de tuerca, incluso escondiendo el final, solo resuelto mediante claves que se han ido dando a lo largo del texto. 

Por ello, resulta normal que Cortázar divida el mundo en dos realidades, aquella que es real, la que a los lectores resultará normal, y una realidad otra que se presenta en el relato como distinta, nueva, aunque no sea necesariamente anormal. Será precisamente en "La autopista del sur", relato que inicia la obra, donde podamos percibir esa realidad otra, que funciona adecuadamente por su contradicción con la realidad normal en la que vivimos, la cual no aparece salvo por comparación del lector.

Cuestiones tan importantes como el tiempo y la percepción del mismo en un relato de supervivencia van desapareciendo, dilatándose en sus menciones y provocando que no conozcamos realmente cuánto tiempo ha transcurrido, aunque sepamos que estamos ante un grupo de personas aisladas en una autopista y que tratan de sobrevivir durante días. La percepción del tiempo se va delimitando en menciones al paso de las estaciones, una manera natural que se complementa a la creación de una sociedad donde no son necesarias las leyes ni los documentos: se organizan por sí mismos distibuyendo el trabajo en diferentes puestos, como un portavoz o un líder. Por último, existe la gran paradoja de la autopista, lugar de velocidad e individualidad, frente al estancamiento en el que residen y a la formación de un grupo organizado.


El único rasgo que queda de la realidad normal son las marcas de coches, que serán las que determinen su identidad frente a un pasado desconocido. No obstante, toda esta historia será narrada por un narrador en tercera persona, pero focalizado en un personaje: Peugeot, siendo el centro, tanto literal como literariamente, del relato. Este personaje se adaptará con facilidad a la nueva sociedad otra, llegando a enamorarse de Dauphine. Sin embargo, pese a la naturalidad de esta vida que, en parte, pretende ser incorporada a la vida "auténtica", cuando el atasco termina se nos da la idea de que ha concluido también todo lo que se había formado dentro de esa sociedad, aceptándolo con tanta rotundidad que incluso el anhelo de la vida creada no es suficiente para luchar por ello, convirtiendo a Peugeot en un hombre pasivo, lo que colabora en la crítica a este tipo de personas.

De la misma forma, en "La salud de los enfermos" observamos la fusión de ambas realidades a partir de las mentiras piadosas de una familia, provocando que la realidad creada de manera artificial se trasvase a la cotidianidad. La mentira acaba teniendo tanto poder que arrastra consigo la vida de los que la inventaron, provocando a su vez una segunda vida a través de la falsa realidad. Aunque la madre afectada haya aceptado los hechos ocultados, no será hasta el final cuando todos se liberen de su carga, pese a que las consecuencias de esas mentiras hayan alterado sus vidas normales. Por otra parte, el tema de la guerrilla y la sublevación aparece en "Reunión", donde podemos observar la deificación del jefe Luis, un líder cuya muerte provocaría que otro tuviera que tomar su lugar, como si la persona no importara, sino su puesto. Se trata así de la idea de la máscara a la que se enfrenta el protagonista en sus sueños y pensamientos, reconociendo que deberá olvidar quién era para recoger el testigo de Luis en caso de que él haya fallecido. Al protagonista le cuesta aceptar esa nueva realidad, aunque aceptara con facilidad que otro ocupara ese puesto que él no desea.


El uso de la narración con multiperspectiva hace aparición en "La señorita Cora", con un relato donde se intercalan diferentes personajes de manera súbita, provocando que el lector tenga que estar completamente atento a su lectura, participando de una manera activa en el relato. En su argumento se desarrolla la relación entre enfermo y enfermera principalmente, paralelamente al paso de la infancia a la adolescencia, criticando a los familiares, especialmente la madre, que aún siguen viendo al adolescente como un niño. En este caso, no hay una confrontación entre dos realidades, aunque gracias a la forma que le otorga Cortázar a este relato se consigue un conjunto de narradores que logran mostrar todo el paradigma de una realidad normal, no coartada por ninguno de los personajes.

En "La isla a mediodía" volvemos claramente al espacio de la realidad "otra" identificada en esta ocasión con una isla que sirve de distracción de una vida pasiva y monótona al protagonista, Marini, durante su trabajo como auxiliar de vuelo. La obsesión por la isla crece en él hasta el punto de comenzar a ver detalles de la misma sin poder mirarlas directamente desde la altura del avión: está recreando otra realidad en su cabeza y esa imaginación para crear vida finalmente. Podemos pensar en un desdoblamiento que provoca que Marini llegue a la isla y encuentre en ella una vida auténtica en la que se siente natural y en la que cree que podía vivir para siempre, pero como le sucede a Peugeot en "La autopista del sur", la realidad normal le empuja a desaparecer junto al avión. Su sueño se cumple, pero quizá en un sueño, en la imaginación de Marini mirando por la ventanilla.


La duda sobre si el sueño es real no ha sido infrecuente en la literatura, como tampoco lo ha sido la realidad de la propia literatura. En "Instrucciones para John Howell" se nos cuestiona sobre la veracidad del teatro y su unión con la realidad. El teatro podría representar en este relato a la literatura, conteniendo dentro de sí a un lector pasivo, representado por el protagonista, Rice, que se ve empujado posteriormente por los directores teatrales a participar en la obra, aunque siguiendo estrictamente sus instrucciones; es decir, le instruyen y normalizan. Sin embargo, Rice se resistirá finalmente, provocando un lector activo, que altera y modifica la obra según su punto de vista, rompiendo con lo que le ofrecían. La situación final de Rice, perdido en un laberinto de calles, huyendo de la pasividad pero influido de por vida por el drama que ha vivido, dará luz a la situación del lector nuevo, en constante búsqueda activa.

El relato que da nombre a la compilación, "Todos los fuegos el fuego" reúne dos narraciones paralelas, pero separadas en tiempo y espacio, dando la noción de que dos acontecimientos están relacionados aunque nunca sepamos cuál es su unión directa y ni siquiera pertenezcan al mismo espacio-tiempo. Como sucedió en "La señorita Cora", encontramos diferentes puntos de vista que conforman dos triángulso amorosos: el procónsul, Irene y el gladiador Mario frente a Jeanne, Roland y Sonia. En ambos casos, la muerte de uno de ellos se entrelaza con la fortuita muerte por fuego de los otros, nexo de unión de ambas historias e hilo conductor de dos realidades alejadas por completo. Resulta bastante interesante el uso de los números a lo largo del relato a través de una misteriosa interferencia telefónica, simbólica de varios aspectos, como la incomunicación humana. Este aspecto, unido a la soledad de los personajes, es claves en la realidad de ambos relatos, donde notamos más contenido en el silencio de sus protagonistas que en sus palabras.

Todos los fuegos el fuego (Fotografía de LJ)
De la misma forma, "El otro cielo" nos ofrece a un paseante urbano que recuerda su relación con una prostituta alrededor de la cual pudo vivir en un microcosmos que le agradaba frente a su realidad cotidiana. Curiosamente, mientras que su vida "normal" está en manos de su madre y su esposa, su vida "otra" reside en las de su amiga. El miedo al asesino en serie, Laurent, y la presencia de un sudamericano como él son circunstancias que colaboran en la elaboración de un mundo extraño, ajeno, en el que todo se mueve bajo el miedo, el remordimiento y la esperanza. Finalmente, será el protagonista el que perciba que con el fin de esas circunstancias, dejó de disfrutar de esa realidad otra y lo aceptó con completa pasividad, aunque aún recuerda con anhelo el tiempo que no volverá, como si él también hubiera muerto.

En definitiva, un conjunto de relatos que nos da idea de la pasividad del hombre moderno y que lo enfrenta al espejo de una realidad otra. Una idea compleja que Cortázar teje con una literatura de letra fácil, pero que requiere completa atención.

Escrito por Luis J. del Castillo


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