Clásicos Inolvidables (XVIII): Drácula, de Bram Stoker

25 octubre, 2012

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Drácula es, sin duda, el vampiro. Muchos son los estereotipos que se han generado en torno a su figura y personalidad, gracias, en gran medida, a las numerosas adaptaciones cinematográficas que ha tenido. Al mencionar la palabra vampiro a todos se nos viene a la mente la imagen de Drácula como un personaje sediento de sangre, ataviado con capa, traje negro y pañuelo, una proyección que poco tiene que ver con la realidad de la novela, distinta al prototipo extendido del vampiro común, que pertenece más al aspecto que le proporcionó el actor Béla Lugusi. Escritores reconocidos actualmente, así como descendientes de Stoker (con una novela escrita como continuación de esta, pero cuya calidad y coherencia se alejan de este clásico), se han valido de la fama de este ser, variando en muchas proporciones al conocido personaje original. Un claro ejemplo lo tenemos en Stephanie Meyer, con su saga Crepúsculo, que ha tenido tanto el amor del público adolescente (especialmente femenino) como el desprestrigio de ser considerada una distorsión amable del mundo vampírico. Sobre esta cuestión, ya habló LJ en su artículo Vampiros, desde ayer hasta hoy en la prosa, donde aludió, entre otros autores, a Anne Rice con sus aclamadas Crónicas Vampíricas.


Precisamente fue Bram Stoker quien dio la forma literaria definitiva al mito del vampiro, aunque fuera conocido previamente en otras obras y hubiera estado enraizado en antiguas creencias populares de Centroeuropa. Nuestro escritor irlandés y romántico bebió de las fuentes de otras obras de la época, especialmente reseñable la influencia de Carmilla, de su amigo Sheridan Le Fanu. Se dedicó a la crítica teatral y literaria durante su vida, publicando algunas obras entre finales del siglo XIX y principios del XX, alcanzando notoriedad con la novela de la que hoy hablamos: Drácula (publicada en 1897).  Le valió las críticas positivas de otros autores importantes de esta época, como Óscar Wilde o Arthur Conan Doyle, además de una extensa vida, considerando que ha pasado a la vida como el autor de uno de los mejores personajes del terror.

Primera edición de Drácula
Es una novela que sirve de colofón al romanticismo inglés, cuando otras corrientes estaban en apogeo, Stoker consigue el éxito con un personaje que resulta ser un monstruo escondido tras la imagen de un aristócrata fascinante y extranjero. Un arquetipo del héroe romántico, un ser apartado de la sociedad que ha llegado hasta límites insospechados. La obra avanza a base de intercalar fragmentos de diarios y cartas entre los personajes, la trama se ralentiza y se crea un misterio en torno a él, cuya personalidad resulta atrayente y enigmática durante toda la trama. Por algo la novela lleva su nombre impreso en el título y, además, por algo Drácula no llega a escribir ningún fragmento de los recogidos por los protagonistas: la sociedad rechaza a este ser que es tan temible, pero que puede resultar tan fascinante
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Un repaso por algunos de los diferentes actores de Drácula: Gary Oldman, Béla Lugusi y Christopher Lee
Stoker se inspiró en un personaje del siglo XV, Vlad Drakul, llamado Tepes (el empalador), un héroe de la independencia rumana frente a los turcos, y al cual alude el propio conde Drácula de un modo superficial durante una conversación nocturna que mantiene en su castillo de Transilvania con otro personaje de la novela, Jonathan Harker. Él será el primero en tener contacto con el conde al principio de la novela, yendo a esta tierra exótica, otro rasgo romántico, como agente de propiedades para venderle un caserón cerca de Londres, desconociendo los motivos de dicha compra. Sufrirá el terrible poder de Drácula. Pese a las ideas transmitidas por adaptaciones cinematográficas o series televisivas de que al conde le repugna la flor del ajo silvestre, no proyecta sombra ni se refleja en los espejos, o puede morir con la llegada del día, en la novela hallamos un ser más poderoso, cuyas debilidades, tan exageradas en el cine, están suavizadas. Por ejemplo, es capaz de pasear bajo la luz del día a cambio de estar más debilitado, controla diferentes animales, rasgo importante para ciertos acontecimientos de la novela, y tiene una fuera sobrehumana. Sus debilidades, aparte de la flor de ajo, se limitan a símbolos religiosos (crucifijos o agua bendita), aunque su muerte definitiva sólo es posible con la famosa estaca en el corazón o con la decapitación.

Jonathan Harker y Drácula en la adaptación de Francis Ford Coppola
Tras la primera parte de la obra, dedicada a las experiencias del joven Harker, nos centraremos en las vivencias de dos mujeres de la época: Mina Murray, la valerosa prometida de Jonathan, y Lucy Westenra, su sensible y enamoradiza amiga. Ambas sufrirán el acoso de Drácula, aunque con resultados bien diferentes, para suerte de una y desgracia de otra. En estos fragmentos de diarios y cartas, nos adentraremos en lo que podría parecer la semblanza de la vida burguesa de la época, con sus fiestas y relaciones pomposas. Las jóvenes se dedican a hablar del amor, especialmente la desdichada Lucy, que no sabe a cuál, de entre sus tres pretendendientes, corresponder. Este trio tendrá también su relevancia en la novela, como aventureros y enemigos del vampiro; sobre todo el doctor John Seward, quien servirá de puente hacia un sabio, su maestro, que les será de gran ayuda contra Drácula.

Christopher Lee en el papel de Drácula
Nos referimos al que se ha convertido, por antonomasia, en el enemigo del siniestro conde Drácula, el doctor Abraham Van Helsing, un científico y médico que, gracias a sus conocimientos y estudios, sabe sobre estas criaturas denominadas vampiros. Es por ello que es el único que conoce el modo más eficaz de aniquilarlos y de contrarrestar los efectos de la conversión. Será un personaje algo excéntrico y que, debido a las diferentes adaptaciones y revisiones que se han hecho, se haya desdibujado y recreado de muchas formas. En otro lado, tenemos a un personaje inquietante, aliado en principio de Drácula, pero que mostrará entereza por proteger a Mina; es Renfield, internado en un manicomio, devorador de bichos vivos y fiel seguidor del conde desde los inicios de la obra.

Anthony Hopkings y Peter Cushing como Van Helsing y Hugh Jackman como ejemplo de un distorsionado Van Helsing
En la novela, tan sobrecogedora en ocasiones y tan pausada y realista en otras, se mezclan el ambiente lúgubre con reflexiones poéticas que dan luz a su narración. El personaje, pese a su oscuridad, o precisamente por su oscuridad, ha causado admiración desde sus inicios, proyectándose su imagen al cine desde tempranas ocasiones. Nosotros hemos hablado de varias películas que parten de Drácula, como la trilogía de Terence Fisher, con Christopher Lee en el papel de Drácula en dos de las películas, a la que Patomas dedicó varias entradas: Drácula, Las novias de Drácula y Drácula, príncipe de las tinieblas. La última de las adaptaciones más populares es la realizada por Francis F. Coppola en 1992, protagonizada por Gary Oldman, y que no dudó en llamar, quizás de forma arriesgada, Drácula de Bram Stoker.


Sin duda, desde la aparición de esta novela hace ya más de un siglo, en 1897, la fría y fantasmal presencia del conde Drácula ha seguido despertando la imaginación de muchos lectores, aficionados o no a este tipo de libros, provocando en ellos una mezcla de terror y de interés cada vez que el vampiro reaparece en nuestras vidas.


Escrito por Mariela B. Ortega y Luis J. del Castillo


1 comentario :

  1. Drácula es sin duda uno de mis clásicos favoritos, y ya desde hace tiempo tengo pendientes las películas, a ver cuándo me pongo.
    Por cierto, la plantilla de este blog me recuerda bastante a la mía jaja
    Un saludo! :)

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