Clásicos Inolvidables (XV): Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas

04 julio, 2012

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El teatro del siglo XIX sufre, como todos los géneros literarios en esta época, la desviación en diferentes corrientes de pensamiento que convivirán aportando diversas obras de características desiguales. En los treinta primeros años de este siglo se podría apreciar una involución del movimiento romántico que se vislumbraba a finales del XVIII, primando comedias de magia y comedia burguesa, pero será a partir de la década de los años 30 cuando la situación cambie, especialmente tras el fin de la Década Ominosa en 1833. Estos cambios se producen debido a la importancia del teatro como género que alcanza a una gran población, por lo que estuvo siempre influenciado por las condiciones políticas y sociales de cada época, desfavorables en este caso concreto.

A partir de este momento, se multiplicarán las traducciones, difundiéndose literatura extranjera, especialmente francesa, con el éxito del drama romántico francés y autores como Víctor Hugo (1802-1885) o Alejandro Dumas (1802-1870). Contra este movimiento liberal y extranjero, otra corriente más conservadora tenderá a la representación de las obras de teatro del Siglo de Oro, con reposiciones de Calderón de la Barca (1600-1681), Lope de Vega (1562-1635) o Tirso de Molina (1579-1648).

Esta confrontación se deberá a la polémica calderoniana, que enfrentó a los intelectuales entre conservadores y liberales, unos, con Böhl de Faber a la cabeza, defendían el retorno a los modos del teatro barroco español, mientras que otros, con José Joaquín de Mora como representante, rechazaban esta idea y defendían un avance hacia nuevas formas.

Debido a esta cuestión, Böhl de Faber asentará las bases de la corriente romántica tradicional de corte conservador, dominante en el siglo XIX. Surgirán varios autores del drama romántico, como Antonio García Gutiérrez (1813-1884) y su Trovador de 1836, Juan Eugnenio Hartzenbusch (1806-1880) y Los amantes de Teruel, del mismo año, o José Zorrilla (1817-1893), con su obra maestra Don Juan Tenorio, de 1844. Pero antes que estos autores, fue otra la obra que consolidó el pensamiento romántico en el teatro español: Don Álvaro o la fuerza del sino, del Duque de Rivas, estrenada en 1835. Este drama romántico supuso un enorme éxito y una gran conmoción en el plano teatral, similar a lo que sucedió con Hernani (1830), de Víctor Hugo, en Francia, aunque no de forma tan extremista; a fin de cuentas, se trata de una de obra conservadora sin ninguna carga ideológica liberal como la que tenía el drama francés. 

Ángel de Saavedra, el duque de Rivas
Sobre ello, debemos anotar que Ángel de Saavedra, conocido como el duque de Rivas, fue una persona relevante en la literatura de esta época, habiendo sido un joven liberal, con el paso del tiempo se inclinó hacia una corriente más conservadora, rechazando sus ideales pasados y situándose donde su categoría social de noble le exigía, habiendo recibido el título de duque a la muerte de su hermano mayor en 1834.

Aunque su nombre pasa a la historia como autor de esta obra de teatro, es importante señalar su labor poética, en la misma línea conservadora, siendo su obra más conocida los Romances históricos que dan buena muestra de su ideología con la recuperación del antiguo espíritu nacional.

En su drama Don Álvaro o la fuerza del sino, se dará una muestra de estos valores tradicionales pero centrándose en ideas completamente románticas, comenzando por su protagonista, Don Álvaro, un héroe enfrentado a la sociedad, que está solo contra todo y consumido por una pasión amorosa trágica. La obra se mueve así por las pasiones, como la venganza, la culpa o el propio amor.

El protagonista se ve arrastrado a vagar por culpa de un accidente que acabó con la vida del marqués de Calatrava, el padre de su amada, este hecho marcará su destino. Será perseguido por los hermanos de Leonor, que claman venganza en un acto de limpieza de la honra a través de la sangre, una acción más perteneciente al pasado medieval que al siglo XIX. Sin embargo, no se censura ni es negativa el asesinato por mantener la honra, incluso se puede observar en uno de los casos que no hay sentimientos de culpa aún cuando se asesina a personas de la misma familia.

Il bacio (El beso), de Francesco Hayez
Junto a esta característica conservadora, también podemos hablar del papel de la Iglesia, que se muestra como el único refugio final gracias a la religión. Es un paraíso ficticio donde terminan todas las pasiones, pero, como bien muestra el título, no se puede escapar del destino, el sino, y el final fatal, propio del movimiento romántico, estará presente también en esta obra. Otro rasgo tradicional es la inmovilidad de las clases sociales, viendo como imposible el amor entre un indiano adinerado y una joven noble. Es, en general, una sociedad fracasada, donde no hay armonía y donde las personas positivas, como don Álvaro, toman caminos que carecen de valores, lo que los conducen a un final trágico.
 
Pese al intento de enmendar su vida, tanto en el terreno militar como en el religioso, el pasado perseguirá a don Álvaro como un destino del que no puede escapar aunque pasen los años. Esta característica es propia del teatro romántico, que acabe con el orden realista de las unidades de tiempo y espacio, cambiando por escena todo el espacio y pudiendo transcurrir años entre acto y acto. Esto supuso una revolución en los teatros físicos, que tuvieron que modernizarse hasta lo que conocemos como la escenografía moderna.

Sátira del suicidio romántico, de Leonardo Alenza
Sin duda, estamos ante un drama romántico que, aún tratando de devolver a la literatura características tradicionales, no puede resistirse a renovar la temática. Mezcla, por ejemplo, la prosa y el verso, empleando el verso para las escenas elevadas de los personajes de clase social más alta, a la antigua usanza de las obras teatrales renacentistas. Cada acto, además, comienza con una conversación en prosa entre algunos personajes secundarios que sitúan al espectador en lo que verá a continuación, mencionando a los protagonistas de esa jornada, normalmente don Álvaro en su encuentro con otro de los personajes principales.

La tragedia de este drama fue suavizada en su versión como libreto para la ópera de Verdi La fuerza del destino, de 1862, salvando a uno de los personajes al final, quien se considera causante de toda esa fatalidad, como el principal motivo de aquel destino asolador que había rodeado al resto de personajes. La obra también fue representada en el programa Estudio 1 de RTVE.





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