Clásicos Inolvidables (LIII): La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza

06 septiembre, 2014

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En la España de los años sesenta se estaba constituyendo todo un tejido de renovación y apertura cultural, entre otros elementos por la aparición de numerosas editoriales. En este momento, surge también un movimiento de experimentación en la narrativa, con ejemplos como Tiempo de silencio (1962), de Luis Martín-Santos, y Volverás a región (1966), de Juan Menet. Esta renovación pretende romper con la literatura realista, comenzando a emplear una serie de recursos narrativos experimentales que ya habían funcionado fuera de España en décadas anteriores, pero que se introducen con fuerza en esta época por la apertura que mencionábamos antes. Se retomaron los temas de la novela realista anterior, pero ofreciendo una perspectiva novedosa gracias a estas nuevas propuestas narrativas.

La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza, culmina esta época de experimentación ofreciendo la reflexión sobre una sociedad represora, pero situándose a principios del siglo XX, momento en que se sitúa la acción narrativa. Esta novela conserva elementos de las novelas publicadas en la década anterior, pero acercándose más a las novelas contemporáneas posteriores, donde este afán de renovación descenderá en su potencia por obras que serán, por lo general, más equilibradas. Podemos notarlo claramente en la diferencia que existe entre las dos partes que componen la novela. 

La primera contiene numerosos fragmentos de distinta índole, entremezclados en una cronología que el lector debe ir ordenando según avanzan las páginas: una declaración ante un juez, los artículos anarquistas de Pajarito de Soto, el informe del inspector Vázquez y sus pesquisas policiales, la escena festiva de alta sociedad o la narración en primera persona de Javier Miranda, el protagonista testigo de los sucesos que tendrá mayor predominancia en la segunda parte. Este predominio se intercala con algunos fragmentos de otra fiesta de alta sociedad y con las andanzas de Nemesio Cabra Gómez.

Eduardo Mendoza inauguró su carrera literaria con la publicación de esta novela, aunque ha proseguido desde entonces con obras como El misterio de la cripta embrujada (1978), Sin noticias de Gurb (1991) o, más recientemente, Riña de gatos. Madrid 1936 (2010), donde ha destacado sobre todo su humor irónico, el empleo del género negro o la situación en Barcelona, su ciudad natal, a la que también ha dedicado el ensayo, junto a su hermana Cristina, Barcelona modernista (1989). Se adentró también en la escritura de teatro, ensayo y relatos breves.


El estilo de Mendoza se observa perfectamente en La verdad sobre el caso Savolta, aunque afectado por la experimentación inicial, que se echa en falta en una novela que, en ese sentido, queda coja. La suerte de una novela negra que no lo parece, puesto que la investigación policial transcurre fuera de nuestros ojos, mientras que nos posicionamos junto a la vista de un pasante de abogado cándido, apenas una marioneta en el poder de Lepprince, la figura con más fuerza de la novela, que siempre vemos a través de los demás. La vida triste y gris de Javier Miranda se ve turbada por mezclarse con una serie de acontecimientos donde él será una pieza fundamental como lacayo de quienes manejan los hilos, sin percatarse hasta que es demasiado tarde de que sus decisiones, como bien nos avisa su futuro yo narrador, han sido erróneas. 

Las muertes de diferentes personas, tanto anarquistas y obreros como empresarios, se sitúa en la llamada época del pistolerismo, en una Barcelona industrial a pleno rendimiento gracias a la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial, lo que fue caldo de cultivo para una situación donde proliferó el pensamiento anarquista frente a los abusos obreros: huelgas, manifestaciones y represalias se realizaban en la ciudad condal con frecuencia y en continuo crecimiento entre 1917 y 1919, años en los que transcurre la acción de la novela, a excepción de la declaración ante el juez Davidson. Un momento de hastío político que Mendoza sabe definir en su novela y que coincide con la frustración de la élite cultural de la época respecto a la política y la nueva burguesía, sin faltar la mención al utilitarismo del arte. En este sentido, resulta interesante la introducción de la mirada de otros ciudadanos europeos hacia la actitud española: "He observado con amargura [...] que las clases altas españolas, a diferencia de lo que ocurre con el resto de Europa, no consideran la cultura como un blasón, sino casi como una lacra." (227). 


Tras años y años de lucha constante y cruel, todos los combatientes (obreros y patronos, políticos, terroristas y conspiradores) habían perdido el sentido de la proporción, olvidado los motivos y renunciado a los logros. Más unidos por el antagonismo y la angustia que separados por las diferencias ideológicas, los españoles descendíamos en confusa turbamulta una escala de Jacob invertida, cuyos peldaños eran venganzas de venganzas y su trama un ovillo confuso de alianzas, denuncias, represalias y traiciones que conducían al infierno de la intransigencia fundada en el miedo y el crimen engendrado por la desesperación (327)

Basándose en esta situación, para la cual Mendoza empleará artículos periodísticos, fichas policiales y cartas de funcionarios, nos encontraremos ante el llamado caso Savolta, relacionado con una serie de muertes que se produjeron en y por esta ficticia empresa (iniciado por el asesinato del joven anarquista Pajarito de Soto), cuyo presidente es un trasunto del industrial y traficante de armas José Alberto Barret. La novela negra queda resuelta en una larga revelación final que unirá los diferentes hechos aislados que se nos habían presentado, aunque quedan algunas sospechas en el aire que no se resuelven y que quedan para la duda del lector. Por otra parte, la acción transcurre también por los bajos fondos, destacando el cabaret donde trabaja María Coral, pero también los escondrijos de los anarquistas, donde se nos ofrece parte de su ideario y de sus debates. Existe también una historia sentimental en la segunda parte que tendrá importancia vital para el protagonista.

Sin embargo, la importancia de esta novela no reside tanto en su trama policíaca, renovada gracias a los recursos de Mendoza, pero que cuenta con tonos irónicos, no necesariamente graciosos, y con un protagonista excesivamente inocente, como sucedía con Lorenzo Quesada, de Los misterios de Madrid (Antonio Muñoz Molina, 1992), como en la descripción de la situación social de Barcelona en esos años, donde el autor despliega mayor seriedad y realiza un retrato de España esclarecedor que se corresponde con los sucesos sociales de esos mismos años finales del franquismo. No podemos cerrar esta reseña sin mencionar la adaptación cinematográfica que realizó Antonio Drove en 1979, más centrada precisamente en estas cuestiones políticas y sociales, aumentando la presencia de Pajarito de Soto, interpretado por José Luis López Vázquez. 

Escrito por Luis J. del Castillo




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