El show de Truman, de Peter Weir

26 junio, 2014

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La mejor forma de acercarse a una película es sin expectativas y, preferiblemente, sin demasiada información sobre ella. El marketing de los últimos años ha arrancado siempre la necesidad de dosificar datos a los posibles clientes, realmente potenciales espectadores, para que sean atraídos. No obstante, descubrir por primera vez una película siempre dará otro sentido a sus revelaciones finales y al impacto que nos pueda sugerir su sentido. A El show de Truman (The Truman Show, Peter Weir, 1998) uno debería acercarse sin saber mucho sobre ella.


Desde el principio, atenderemos a la vida extremadamente normal de Truman Burbank (Jim Carrey, contenido perfectamente), un hombre corriente con un trabajo de vendedor de seguros, esposa ideal y rutina diaria. Su máximo deseo, como desvela en varias ocasiones a lo largo del film, es viajar a las islas Fiji, motivado por el reencuentro con una chica de quien se enamoró y que le fue arrebatada de su vida de forma abrupta.

No obstante, siempre se ve coartado por distintos hechos, desde las obligaciones familiares impuestas por la tradición, como la necesidad de ser padre, hasta su miedo al mar, lo cual impide su viaje a cualquier destino al vivir en una isla. Todo el transcurso de esta vida que se nos muestra, se ve intercalada por toda una serie de extraños hechos que son explicados de la forma más inusual a Truman y, por tanto, al espectador, que deberá atender de manera aturdida a toda una serie de anuncios insertados en la película y de cambios de cámara desde distintos ángulos, algunos de ellos incluso desde cámaras en botones.


¿Qué sucede detrás de todas estas circunstancias que ocupan el misterio hasta, prácticamente, el último tercio de la película? Habrá quienes lo averigüen por las claras pistas que se ofrecen a lo largo del metraje, aunque quedará completamente cristalino con la entrevista a Cristof (Ed Harris), el creador del reality show titulado El show de Truman, programa de máxima audiencia para el cual se ha creado toda una vida de mentiras para ver crecer a una persona real: Truman.

El simbolismo de los personajes se encuentra en sus propios nombres, como Truman, que en inglés se relaciona con true man, señalando que es el único hombre real entre los actores que componen el reparto de su reality. También Cristof, que claramente remite a la figura del dios cristiano, cuya última intervención lo relaciona claramente. Este personaje se relaciona también con otros personajes totalitarios y controladores, incluso con el Gran Hermano de 1984. Pese a que Cristof defienda la libertad para irse de Truman, él mismo se ha encargado de coartar su personalidad aventurera llegando al trauma de la pérdida de su padre ficticio, aunque nunca llegue a acabar con su libertad individual, la del pensamiento (¡Nunca pusiste una cámara dentro de mi cabeza!).

Alrededor de ambos, personajes que opinan sobre el asunto de forma variable: los espectadores pasivos, el reparto conformista, especialmente su esposa (Laura Linney), su mejor amigo (Noah Emmerich) y sus padres (Holland Taylor y Brian Delate), y el grupo de personas contrarias a la falta de libertad de Truman, encabezadas por Lauren Garland (Natascha McElhone), Sylvia en el espectáculo, quien se convertirá en todo un símbolo para el protagonista.

Laura Linney, Ed Harris y Noah Emmerich
La película trabaja incluso en un plano metacinematográfico, mostrándonos los pormenores del programa, incluso en el uso de las cámaras para narrar la historia.

El director australiano Peter Weir realiza una gran labor en la dirección, teniendo en su haber películas de profundidad temática y que, aunque pudieran no estar acompañados de crítica o de taquilla, aportan un enfoque interesante y elaborado. Seguramente volveremos a él para comentar otros films como La última ola (The Last Wave, 1977), La costa de los mosquitos (The Mosquito Coast, 1986), El club de los poetas muertos (Dead Poets Society, 1989) o Master and Commander (2003). 

No obstante, destaca también el guión sobre el que se apoya esta película, firmado por Andrew Nicol, responsable de Gattaca (1997) tanto en la dirección como en el guión, además de haber dirigido otros films, quizás ya con menos acierto, como El señor de la guerra (Lord of war, 2005) e In time (2011).

Peter Weir (centro) junto a Jim Carrey en el rodaje del film.
El argumento de El show de Truman, alrededor de la falsedad de la vida, se ha comparado al mito de la caverna de Platón y se relaciona con obras como La vida es sueño (1635) de Calderón. El film acaba en el momento justo y con la pregunta precisa: "¿qué más ponen?". Un aviso a nuestra realidad manipulada por lo mediático. En la actualidad, encajaría perfectamente esa frase popularizada en algunos medios: si no está en internet, no existe. Un peligro que nos ciega, como a Truman, de la realidad que hay detrás del cielo pintado.


Escrito por Luis J. del Castillo



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