Los últimos días, de Álex y David Pastor

13 abril, 2013

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¿Qué ocurriría si un síndrome como la agorafobia atrapara a la sociedad dentro de casa o de su lugar de trabajo? Los últimos días nos adentra en esa situación, presentando una historia apocalíptica, como bien se intuye de su título. Enmarcada en una Barcelona aparentemente desolada, Marc emprenderá un incierto y duro viaje en busca de lo más importante que ha perdido en esta indeseable situación, su novia Julia. Y es que la agorafobia se ha extendido como una plaga, dejando al planeta sumido en una deplorable catástrofe social en la que ni una sola persona es capaz de salir a la calle por su propia voluntad.

La película comienza así, de una manera abrupta. Sin motivo aparente, nos encontraremos con lo que presagia ser una gran catástrofe, siendo testigos de cómo una sociedad puede quedar sepultada en sus propias ciudades, incapaz de salir al exterior. Y todo por culpa de un síndrome procedente de la mente humana: una agorafobia extrema (por algún motivo que, aún acabada la película, se desconoce) extendida por nuestro planeta y que impide disfrutar de la libertad de los espacios abiertos. Gracias a los distintos flashbacks presentes en el film, podremos deducir que dicho trastorno quizás se deba a la evolución decadente que presenta la sociedad del momento, influida por una serie de factores negativos, ya sea por la incesante contaminación, la crisis económica o la falta de seguridad y confianza en el sistema que nos rige.

La ciudad de Barcelona, destrozada
Quim Gutiérrez será quien dé vida a Marc, de una manera correcta pero sin llegar a brillar, el protagonista de este peculiar suceso. Marc también se ve afectado por ese extraño síndrome, por lo que se encuentra recluído en su lugar de trabajo. Cuando ya no puede aguantar más esa situación, decidirá emprender un viaje para encontrar a su novia, motivo esencial para llevarlo a cabo bajo una Barcelona claustrofóbica. Y decimos bajo porque de ella veremos fundamentalmente infraestructuras cerradas: la red de alcantarillado, el metro, bloques de edificios o centros comerciales devastados.

Pero Marc no viajará solo. Le acompaña Enrique (José Coronado), quien fuera su superior, un despiadado y soberbio director de Recursos Humanos que mostrará tener, obviamente, su lado humano. Ambos protagonizarán una relación peculiar, una extraña amistad que comienza siendo hostil y acaba convirtiéndose en un sincero compañerismo. Sin duda, uno de los pilares básicos de la obra y de la que viviremos momentos bastante duros y conmovedores.

José Coronado y Quim Gutiérrez
Dirigida por los hermanos Álex y David Pastor, quienes ya debutaran al frente de otro film apocalíptico como Infectados (2009), la película describe con bastante fidelidad y crudeza cómo sería una aventura post-apocalíptica en dichas circunstancias. Sin llegar a presentar una distopía en esencia, típica de obras decadentes como 1984, nos encontraremos ante un drama de acción bastante consistente, con toques de ciencia-ficción y con un trasfondo inquietante. Sin embargo, también presenta algunas lagunas respecto a la lógica racional, no explicando cómo la sociedad ha podido llegar a tal extremo y en tan poco tiempo y, por otra parte, con algunos diálogos sobre ello carentes de naturalidad. Aunque sí es remarcable el papel que desempeñan Marta Etura y José Coronado, dando luz a unos creíbles personajes como Julia y Enrique. Marta, que encarna en esta ocasión a Julia, lleva a sus espaldas pequeños pero cruciales personajes que marcan la acción y el objetivo de la trama, como ya hiciera en Celda 211 o Eva. En Los últimos días ocurre lo mismo, ya que Julia se convierte en el sentido de la búsqueda de Marc y en la meta que determina la historia. Por su parte, José Coronado llega a sorprender gracias a su brillante ejecución, no siendo éste el último ya que se encuentra encadenando proyectos de repercusión como El cuerpo o No habrá paz para los malvados, por el que fue ganador del premio Goya 2011 a mejor actor.

Marta Etura en el papel de Julia
La producción técnica es impecable, como la imagen y la variedad de planos aparentemente impensables, que sorprenden e impresionan a partes iguales. El espectador podrá adentrarse como uno más a la hora de observar la magnitud del desastre, con algunas escenas que, incluso, pueden dar vértigo y angustia, exactamente la misma sensación que experimentan los personajes frente al mundo exterior. Otra cosa que puede ser remarcable son los últimos minutos finales, ya que sin ellos la película hubiera acabado en su mejor momento, sin rodeos ni interpretaciones innecesarias.


Sin duda, Los últimos días es una ambiciosa y espectacular obra que el mercado español ha dado al séptimo arte en los últimos años, que trata un tema abordado en innumerables ocasiones en el mundo del cine pero con una historia, un trasfondo y unos personajes bien trabajados que no dejan indiferente al espectador.


Escrito por Mariela B. Ortega

La bella Barcelona es retratada como un escenario post-apocalíptico bajo las cámaras de los hermanos Pastor, haciendo las delicias de todos los que conozcan la ciudad y haya deseado verla algún día sin el tráfico típico de una gran ciudad. Fuego, humo, soledad y cadáveres invaden la calle mientras que los seres humanos se ven obligados a permanecer dentro de los edificios, fruto de la enfermedad denominada pánico, especie de agorafobia expandida como una pandemia de origen desconocido.


Bajo este marco, dos hombres, Marc y Enrique, emprenderán una búsqueda recorriendo los sótanos, las alcantarillas, los túneles de metro y, en fin, todo el territorio subterráneo de la ciudad condal. Es la historia de una búsqueda, casi al estilo de una road movie con elementos de un buddy film, aunque la problemática relación amorosa de Marc en los días previos a la catástrofe (enseñada a través de flashback) será el motivo principal de esta historia.

Los elementos podrían prometer mucho si no fuera porque es la remezcla de varios argumentos que ya nos hemos encontrado antes, todo hilvanado con un misterioso fenómeno sin resolver ni antes, ni durante ni después del film. Los hermanos Pastor logran, en efecto, una gran calidad de imagen y técnica, pero con un guión algo pobre y unas actuaciones que no dan la talla. Es decir, en escenarios, fotografía, cámara y sonido estamos ante una calidad excelente, del calibre norteamericano y poco acostumbrados a anteriores películas españoles; pero no es original y peca de numerosas incoherencias, esas de las que o bien te percatarás durante el film o bien cuando pienses en el argumento tras salir del cine. 


En cuanto a los actores, brilla José Coronado bajo el personaje de Enrique, que parece por momentos la resurreción de un agente Santos Trinidad, personaje que le diera el Goya, reconvertido en director de recursos humanos y venido a menos. A su lado, Quim Gutiérrez tiene varios altibajos en su papel de Marc, resultando poco natural en alguna de sus escenas, incluso resultando teatral en los diálogos con Marta Etura, interpretando a Julia, desarrollados durante los flashbacks. Sobre las actrices, Marta Etura y Leticia Dolera, podemos destacar el poco metraje del que forman parte, especialmente la segunda, cuyo personaje apenas es esbozado. La novia de Marc tiene mayor peso en las escenas del pasado, siendo más una imagen recurrente en las ensoñaciones mudas del protagonista. Este es, seguramente, la característica más cercana al buddy film: el peso de la película recae en los dos protagonistas masculinos, observando la evolución de su amistad desde el trato más primitivo hasta unos límites insospechados.

 

En el transcurso de la película contaremos con una mezcla de acción, amor, amistad y humor bastante entretenida, dejándonos también escenas innecesarias que hubieran podido cubrirse de mejor forma. Los hermanos Pastor decidieron dejar fuera cualquier tipo de explicación, lo que ya nos indica que el potencial de este film no está en el elemento apocalíptico, como es habitual en muchas producciones norteamericanas, sino el factor humano. Precisamente, el factor en el que más falla el film. Y si bien han llegado a transmitir al espectador la angustia del momento, aunque sea mareándonos con la cámara, también han mostrado serias carencias en algunos puntos, sobre todo el final, donde pudiendo dejarlo en el punto justo, decidieron dar un paso más, errando para muchos en la elección. Los últimos días pasa así a engrosar las listas de películas post-apocalípticas, aunque debemos agradecer que, en esta ocasión, no hayan destruido la Estatua de la Libertad.


Escrito por Luis J. del Castillo


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