La invención de Hugo, de M. Scorsese

17 noviembre, 2012

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Las críticas (positivas) han estado servidas para un film de Scorsese que se deslinda de sus temáticas habituales y que sorprendió a público y especialistas, especialmente por su sensibilidad y su amor al cine. Estamos, eso sí, ante un guión adaptado del libro La invención de Hugo Cabret, publicado en 2007 y de cierto éxito, el necesario para que una productora y Scorsese se fijaran en esta novela para llevarla al cine tres años después. Aún así, no entraremos en comparaciones con la obra de Brian Selznick, pretendiendo fijarnos más en la proyección de Scorsese tras toda una filmografía alejada de la sensibilidad infantil y delicada de esta película.


Hablar de Martin Scorsese es remitirse a toda una carrera de cineasta que se remonta a finales de los 50, donde un joven de apenas veinte años comenzaba a realizar cortometrajes, y que se iniciaría en largometrajes a partir de 1967. Alcanzaría éxito mundial con Taxi Driver y sigue siendo un fenómeno que no ha parado de trabajar, como muestra tenemos la película de la que hoy os hablamos. Para un director maduro esta obra supone un homenaje a los inicios del cine, entendiéndolo así una vez visto el film, para comprender por qué tantas críticas han hablado de este homenaje lleno de sensibilidad. Una obra en la vejez de Scorsese que sirve para mirar atrás y ver la cuna de los cineastas actuales.


El argumento nos lleva a París en los años 30, a una estación de tren nevada donde (sobre)vive Hugo Cabret, un niño de doce años dotado de un gran ingenio, especialmente para las máquinarina relojera, los engranajes, los autómatas. Vive esquivando al inspector Gustav para no ser llevado a un orfanato y sin más amigos que los relojes de la estación, desde donde observa las vidas de sus trabajadores, pequeñas historias que sirven de subtrama, llenas de sencillez. Sin embargo, pronto el dueño de una juguetería se convertirá en un misterio al arrebatarle el cuaderno de su padre y reconocer al autómata al que intenta reparar. Haciéndose amigo de Isabelle, su ahijada, intentarán descubrir quién es realmente Papa Georges, pese a la reticencia de su familia.


Es inútil hablar de la fotografía tratada con delicadeza o del arte de dirección con que trata a sus películas Scorsese. También podemos dedicar elogios a las actuaciones de los actores, algunos de buena factura, como la realizada por Ben Kingsley, o las apariciones de Christopher Lee o Helen McCrory. Incluso los dos protagonistas infantiles se ganan el favor del público, sobre todo Assa Butterfield en el papel protagónico. Fijándonos en el argumento que se nos muestra, podemos observar situaciones que nos pueden resultar absurdas y donde, en ocasiones, esperamos una mayor profundidad en las historias personales de los personajes, por donde pasamos a vista de pájaro. Sólo en Papa Georges, motivo de investigación y misterio en la obra, nos centraremos, quizás al compartir vida con un personaje histórico tan relacionado con el cine y cuya vida real se pareció a la narración del film, si evitamos a la mayoría de personajes restantes del film, obviamente inventados por el autor de la novela.

 
S. Baron Cohen como Gustav
En ese sentido, poca importancia se le da a la vida de Hugo en comparación y aún menor a la historia de personajes secundarios, como el inspector Gustav, que puede resultar un personaje algo histriónico y esperpéntico, quizás un hombre insensible y con dificultades para relacionarse bien encarnado por un contenido Sacha Baron Cohen. E incluso en ese sentido, y aunque puedan resultar graciosas y entretenidas esas subtramas, se podría haber eludido algunas en pos de profundizar mejor en otras historias. 

También nos falta, pese a estar ante un homenaje al cine, mayor fuerza en las apariciones a este medio, del que sólo veremos una sala de proyección de la época, algunas escenas y un proyector para la ocasión, así como la visión de cómo hacían aquellos primeros cortos en blanco y negro en una productora. 
 
La pasión con la que Mama Jeanne habla en referencia al cine y al trabajo que Georges realizaba muestra un gran amor hacia este arte, con una nostalgia que traspasa al espectador, lo que Scorsese quería transmitir. Porque sí, estamos en La invención de Hugo, pero bien podría trocarse el título y el protagonismo hacia este cineasta, que nos regala una historia de desesperación, de nostalgia y de tristeza ante los acontecimientos que arruinaron todo por lo que había trabajado.

El film nos regala, por otra parte, frases de ánimo que ya hemos escuchado en otra ocasión, y un final feliz para todos los personajes. Porque aunque estamos ante un trabajo muy bien realizado de Scorsese, con buenas actuaciones, pero con un resultado que, fiel a la novela, resulta ser una historia infantil con un trasfondo más profundo, una historia más madura, que seguramente fue lo que atrajo la atención del director.


Merece la pena un visionado, sobre todo porque disfrutar del detalle cuidado de la imagen que nos presenta la película es una experiencia visual, pero más allá, contiene elementos para aburrir a quienes esperen un film serio y una profundidad poco aprovechable para quienes sólo busquen entretenimiento. Lo mejor es no tener grandes expectativas en este film y sólo dejarse llevar por Hugo en su descubrimiento de la historia de Georges.


Escrito por Luis J. del Castillo


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