Wonder Woman, de Patty Jenkins

04 julio, 2017

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Para gran parte de la crítica, la llegada de una superheroína ha venido a salvar a un decadente universo cinematográfico de DC. A lo que habríamos de añadir que estamos ante una digna obra que realza por fin a un personaje femenino fuerte, una de esas princesas que no necesita ser salvada. Podría parecer que Wonder Woman se une a esa agradecida legión de protagonistas que vienen a solventar una deuda que el cine, en general aunque con excepciones, o el género de superhéroes en particular, tenía con las mujeres, aunque cabe mencionar que esta superheroína siempre ha sido un modelo en el mundo del cómic, como ya comentábamos a colación de una de sus historietas, El Círculo (Gail Simone y Terry Dodson, 2008).

Ahora bien, a diferencia de sus dos compañeros más célebres, con los que en el cómic ha llegado hasta a formar la Trinidad de DC, no había tenido hasta el momento una gran presencia en la gran pantalla. Así, si de Superman tuvimos aquellas fantásticas películas de Richard Donner (1930) de los setenta, además de varias series televisivas y revisiones más recientes, o de Batman tuvimos la graciosa serie de los sesenta protagonizada por el recientemente fallecido Adam West (1928-2017) y las películas iniciadas por Tim Burton (1958) a finales de los ochenta, además de una serie animada que hizo las delicias de muchos, realizada por Bruce Timm, o la más reciente trilogía de Christopher Nolan (1970), Wonder Woman había quedado relegada a una serie de los setenta protagonizada por Lynda Carter (1951), exitosa pero insuficiente para la importancia del personaje. Sobre todo si comparamos las trayectorias.

No obstante, los papeles parecen haberse invertido. Con la dirección de Patty Jenkins (1971), encargada también de Monster (2003), Wonder Woman (2017) ha llegado para cautivar allá donde tuvieron una acogida más fría Man of Steel (Zack Snyder, 2013) o Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia (Zack Snyder, 2016), recordando además que en esta última fue uno de los personajes mejor valorados, gracias también a la interpretación de Gal Gadot, que repite en el rol y a la que volveremos a ver en La Liga de la Justicia (2017).


Así pues, viajamos a otra época, o a otras épocas, en una retrospectiva que nuestra protagonista, Diana Prince, hace de su primera aventura en el mundo de los hombres. Sus orígenes nos la muestran viviendo con las amazonas como la hija de la reina Hipólita (Connie Nielsen) y anhelando unirse al entrenamiento militar con su tía Antíope (Robin Wright), en Temiscira, la isla protegida por Zeus para evitar que cualquier daño les alcanzase. Sin embargo, cuando Diana ya se ha convertido en una poderosa guerrera, llegará a la isla un espía y piloto norteamericano, Steve Trevor (Chris Pine), el primer hombre que ve en su vida; escena que, por cierto, homenajea de forma evidente a La sirenita (Ron Clements y John Musker, 1989). Gracias a él descubrirá que en el mundo exterior se bate la mayor guerra vista por el ser humano, la Gran Guerra, que hoy conocemos como Primera Guerra Mundial (1914-1919). A partir de los viejos mitos que le han inculcado, comprenderá que debe luchar a favor del ser humano y librarlo de la influencia de Ares, dios de la guerra, aunque la realidad del mundo que va a descubrir acabará por chocar con su idealismo.

La obra es ligera en su planteamiento y sabe de sí misma que es una aventura y que procede de un tebeo. Sus tramos están bien delimitados y todos sus elementos equilibrados, lo que la erige como una historia sencilla y bien construida. Exceptuando el encuadre del principio y del final, que hace que toda la trama sea un flashback en la memoria de Diana, la primera parte es un prólogo de los orígenes de Wonder Woman, mostrándonos sus habilidades no solo a través de sí misma, sino también del resto de compañeras amazonas a las que ella misma contempla de niña. Una parte que finaliza cuando decide embarcarse junto a Steve en el regreso a un mundo que le es desconocido y donde quiere acabar con la guerra. Ya en ese momento se sembrarán algunas incógnitas que se resolverán hacia el final, como los secretos que su madre o el resto de las amazonas no le han contado.


El segundo tramo abarcará el choque cultural entre la fortaleza y la convicción moral de Diana y un mundo injusto, cruel y sucio representado por un gris y poco atractivo Londres. Sin duda, las ocasiones más humorísticas se dan en ese contraste, humor no exento de crítica, por ejemplo hacia el rol de la mujer a inicios del siglo XIX frente al predominante papel femenino de la isla de la que ella procede. Incluso otro personaje femenino secundario, la secretaria de Steve, Etta Candy (Lucy Davis), que se nos muestra como antítesis físico al personaje, servirá para enseñar cómo avanzaba la mujer en esa época, a través de las manifestaciones para conseguir el voto femenino. El candor de Diana ante el mundo que descubre también se tornará en ira cuando contemple las decisiones de sus líderes políticos o militares, así como cuando la aparten o la menosprecien por ser mujer.

El tercer tramo se enfocará en el conflicto bélico, centrándose en mostrarnos el mayor cúmulo de escenas de acción protagonizadas por Wonder Woman frente a las diseminadas en los tramos anteriores. Este último tramo se puede dividir entre la batalla en el frente, donde la superheroína mostrará su superioridad frente a las armas humanas, el espionaje en el bando enemigo, momento de desilusión y cisma para Diana, y finalmente, las secuencias finales y climáticas para evitar la hecatombe que produciría el gas mortal inventado por la Doctora Veneno. En todo este viaje por el frente no faltarán los momentos humorísticos, menor en número que antes, las escenas de mayor emotividad y fuerza dramática, que servirá para aumentar la vinculación del espectador con los personajes y también entre los personajes mismos, o la acción más desenfrenada, que gracias al uso (en ocasiones, excesivo) de la cámara lenta pretende hacerse menos confusa. No falta ni siquiera el momento de abismo en el que nuestra protagonista parezca haber sido derrotada y no particularmente en el terreno físico, sino, o sobre todo, en su ánimo y en su esperanza en el ser humano.


La película logra un retrato bastante completo de su protagonista al conseguir un equilibrio entre toda su fuerza y poder físico, que logra epatar a sus compañeros, y la fragilidad que desprende por su incomprensión del mundo y por la inocencia con la que contempla y simplifica una realidad que nosotros y también el resto de personajes sabemos más compleja. Además, aunque su obsesión por la figura de Ares la lleve a resultar sanguinaria, llegado al momento mostrará su lado más compasivo y clemente. No en vano, aunque estemos ante una aventura en medio de la guerra, la historia tiene un tono y trasfondo antibelicista, mostrando el sinsentido y absurdo de las guerras así como el dolor que causa a inocentes o hasta a propios soldados: la sorpresa llega cuando los alemanes, enemigos, se quiten el casco y desvelen que... ¡apenas son unos muchachos asustados!

En cuanto a los defectos, suelen ser ya algo habituales. Por una parte, los villanos se unen a esa lista de personajes vacíos, que se podrían unir a los típicos nazis (aunque en este caso nos situemos en la Primera Guerra Mundial), cuya motivación es la búsqueda de poder y la destrucción del enemigo cueste lo que cueste, ignorando las consecuencias. Son Maru, la Doctora Veneno (la española Elena Anaya), y el general Erich Ludendorff (Danny Huston), que pretenden usar un gas que liquide a todos sus enemigos de forma masiva. Una muestra de la autodestrucción del ser humano y de nuestro perfil más oscuro. En este sentido, resulta mucho más interesante el planteamiento de Ares como esa posible influencia negativa para el ser humano, como si acaso no existiese libertad o libre albedrío, sino manipulación divina. Esa libertad que permite a los hombres destruirse a sí mismos se enfrenta también a la visión idealizada de Diana sobre el carácter positivo y bondadoso, pero determinista, del ser humano como creación de los dioses.


Por otra parte, tenemos personajes secundarios de soporte que pueden llegar a resultar innecesarios. Por suerte, en esta ocasión, se les brinda a cada uno algún momento de profundidad para mostrarnos su angustia existencial causada ya no solo por la guerra, sino por las desigualdades del mundo en el que viven. Todo ello a pesar de la primera impresión negativa que cada uno de ellos había causado en Diana. Así, encontraremos a quien ha perdido a su pueblo y su legado cultural, a quien ha perdido sus sueños o a quien le atormenta y la incapacita un pasado siempre presente, remordimientos que llegan hasta a sus sueños. Y todo ello generalmente por culpa no solo de un enemigo, sino de aquellos que, se supone, eran de los buenos. La naturaleza del bien y del mal se quiebra en esta película, como descubriremos a través de las palabras de Steve Trevor: nada de esta guerra depende de la acción de una única persona. Pese a lo cual, persiste la esperanza.

Por último, para los espectadores más acostumbrados, ciertos acontecimientos o giros resultarán previsibles, aunque puedan sorprender a los neófitos y al público más joven. También desentonan en una película de tan buena factura algunos efectos especiales mal ejecutados, sobre todo en el tramo que transcurre en Temiscira y en relación a los saltos de nuestro heroína. La banda sonora, encabezada por el compositor Rupert Gregson-Williams, se une al repertorio habitual, destacando, no obstante, el leit-motiv de Wonder Woman, que ya conocíamos por Batman v Superman: El amanecer de la Justicia y que aquí estará diseminado en la película de forma abreviada o presencial en determinados momentos, hasta la explosión de Diana como símbolo y heroína, ya en el frente de batalla.


En definitiva, una aventura de luz en medio de una situación de sombras. Una película redonda que logra tener personalidad propia a pesar de que, en su propuesta, nos puede recordar en ciertos detalles a otras obras marvelitas, como Capitán Américan: el primer vengador (Joe Johnston, 2011) o, incluso, Thor (Kenneth Branagh, 2011). Resulta fácil comprender la desilusión de Wonder Woman, aún más cuando desde nuestra perspectiva sabemos que aquella no fue la última guerra, la última "Gran Guerra", ni tampoco que la creación de armas letales, como aquel gas, finalizó en aquel momento. En parte, esta película también nos sirve de espejo, de espejo crítico con nuestra historia y, sobre todo, con nuestro afán bélico. Y a la vez, nos deja espacio para el heroísmo, para el sacrificio y para recordar que sí, fuimos capaces de lo peor, pero también somos capaces de lo mejor. De nosotros y de nuestras acciones depende.


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