Men in Black (Hombres de Negro), de Barry Sonnenfeld

19 diciembre, 2016

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A pesar de todo lo que creemos conocer, tan solo la seguridad en nuestros conocimientos nos ofrece un mundo de certezas que pueden ser destruidas cuanto más confiemos en ellas. La auténtica ignorancia radica en la falta de duda, en el exceso de confianza en lo que creemos conocer. La prueba más simple de esta afirmación la encontramos en la propia historia, en la confianza que demostraban nuestros antepasados en hechos que hoy consideraríamos ridículos e infantiles. Ahora bien, el exceso de celo, de incredulidad, también nos lleva al miedo, a la incertidumbre y a la búsqueda incauta de explicaciones no solo poco satisfactorias, sino temerarias.

Sirvan estas palabras para adentrarnos en el siempre entretenido debate sobre la soledad del ser humano en el universo y cómo esta particular idea nos ha proporcionado centenares de historias de todos los formatos, desde aquellas que surgieron solo para nuestro ocio hasta aquellas que sirvieron para reflejar nuestras virtudes y defectos, para plantear un mundo entero de hipótesis y posibilidades. Aunque hoy, no hablaremos de una obra que se incluya entre estas últimas, sino más bien en una comedia que decide ofrecer respuestas paródicas al mundo del conspiracionismo: Men in Black (Hombres de Negro) (Barry Sonnenfeld, 1997).


Partiendo de la figura de los hombres de negro, personajes habitualmente referenciados en las teorías de la conspiración como parte de una organización gubernamental que se encarga de eliminar las evidencias de fenómenos paranormales, incluyendo la llegada de extraterrestres, Lowell Cunningham creó una serie de cómics bajo el sello de Marvel. Una obra de tono oscuro y escabroso, que no retrataba a sus protagonistas como una entidad bondadosa, sino como agentes que rozaban y a veces superaban los límites morales en sus métodos. Aspectos del argumento original que se limaron al extremo en la adaptación dirigida por Barry Sonnenfeld (1953), antiguo director de fotografía de los hermanos Coen que cuenta en su filmografía, aparte de la trilogía iniciada con esta película, con La familia Addams (1991) o la vapuleada Wild Wild West (1999).

En el inicio de la película somos testigos de la aparición de dos agentes de los Hombres de Negro en la frontera entre México y Estados Unidos a la caza de un alienígena, momento en que uno de ellos decide retirarse por su avanzada edad. Posteriormente, el policía James Edwards (el siempre carismático Will Smith) persigue a un delincuente que resulta ser un extraterrestre. Tal encuentro provoca el interés de la organización por James, sobre todo del agente K (un solvente Tommy Lee Jones), que apuesta por él para ser su compañero al haber conocido sus habilidades, a pesar de la actitud rebelde e informal del que será conocido como agente J. A través de los ojos del policía, conoceremos mejor el funcionamiento de la organización de los Hombres de Negro, ajena a cualquier gobierno y encargada del control de los extraterrestres en la Tierra. En su primera misión, deberán dar caza a un Insecto (Vincent D'Onofrio) cuyas acciones ponen en peligro al planeta entero.


Ya advertimos a raíz de nuestro comentario de Los cazafantasmas (1984) que aquella era una película que, a pesar de presentar un argumento de aventura fantástica, en esencia era más una comedia. Sucede lo mismo con Men in Black, que podríamos encajar en el perfil de una buddy movie, o el subgénero conocido como buddy cop, dos agentes que tienen que combatir el crimen, en este caso alienígena, aunque ambos tengan una personalidad distante. Por una parte, tenemos al meticuloso, estricto, frío y serio agente K, que ejerce su labor de la forma más profesional posible y sin meditar sus acciones más allá de para obtener el fin deseado. Por otra, el novato agente J, inexperto ansioso e indisciplinado que no mide las consecuencias de sus actos, pero valiente y atrevido incluso en las situaciones más peligrosas. 

Esta combinación provoca el resultado cómico al comparar de forma continua las interferencias entre ambas formas de ser: las continuas sorpresas y meteduras de pata de J en un mundo que le resulta novedoso, ahí tenemos el gag del desastre causado en la oficina por usar un objeto extraterrestre o el potente efecto inverosímil que tiene su diminuta pistola, frente a la tranquilidad y calma con la que K actúa incluso aunque sus acciones puedan resultar ridículas a simple vista; por ejemplo, cuando comienza a zarandear a un perro para interrogarlo. Aunque a su vez, ambos se afectan mutuamente. Como descubriremos, K tiene un matiz melancólico relacionado con la forma en que entró a los Hombres de Negro y, a pesar de su frialdad, la humanidad de J le hará recapacitar, aunque a regañadientes, de su actitud en ciertas ocasiones, como la reescritura de la memoria con el neuralizador. Conforme avance la película, J se habrá adaptado a este nuevo mundo habiendo aprendido las lecciones de K para ser el agente que debiera.


Por otra aparte, aunque volveremos a algunos puntos de la comedia, la película también tiene momentos puntuales de seriedad, como uno de los diálogos entre J y K deriva en una crítica hacia el sistema, mostrando la visión de la masa como un ente peligroso por encima de la individualidad (por cierto, una escena que, a pesar de gustarnos, nos parece introducida con calzador dentro del montaje). Tampoco falta dentro del humor la crítica al gobierno como incapaz o entrometido así como un último gag que trata de transmitir que a pesar de nuestra sensación de grandeza, ocupamos un espacio ínfimo en la inmensidad del cosmos.

Retornando al mundo de la parodia, el argumento principal es la persecución de un villano extraterrestre con el fin de evitar que cumpla su objetivo. Para ello, se nos ofrecerá tanto aspectos de la investigación de los Hombres de Negro, incluyendo la visita a distintos personajes extravagantes sobre los que la organización mantiene su vigilancia, como el camino que recorre el Insecto desde su accidentada llegada a la Tierra hasta su enfrentamiento con los protagonistas. En todo este proceso, encontramos un apartado cercano a lo asqueroso. Por un lado, se recurre con facilidad a chistes basados en el uso de mucosidad, por otro, se sobreexplota la repulsión que transmiten los insectos, sobre todo las cucarachas. Precisamente, uno de los puntos fuertes de Men in Black es su trabajo en el maquillaje y en los efectos especiales, logrando que el Insecto resulte asqueroso en su forma humana o que los distintos extraterrestres logren resultar creíbles.


Cabe mencionar que el humano poseído por el Insecto se encuadra dentro del típico retrato del granjero borracho, un perfil habitual dentro de los que avistan los OVNI y suelen ser cuestionados por ello, aparte de, como se evidencia, la relación nefasta y machista con su esposa. Que este tipo de personaje acabe por convertirse en un involuntario parásito o invasor de la Tierra encaja a la perfección. Por otra parte, es necesario nombrar a otros dos personajes del plantel, empezando de forma necesaria por Laurel Weaver (Linda Fiorentino), forense que reaparecerá de forma continua en la película, siendo una de las principales afectadas por la aventura. En ella se producen varios tópicos: se convierte en el interés amoroso de J, se erige como una dama en apuros aunque más avispada que el protagonista y, a la vez, logra convertirse en una heroína que también lucha y salva a los demás. Por último, una mención al jefe Z (Rip Torn), cuyo rol es ofrecer una voz con autoridad dentro de la impersonal organización.

En otros apartados, la música está bien llevada por el habitual compositor de Tim Burton, Danny Elfman, que junto a aspectos como la dirección artística o el maquillaje le valió la triple nominación a los Óscar, alzándose ganadora del último. En cuanto al ritmo y al montaje, a pesar de nuestras apreciaciones, la película tiene momentos bajos, que pueden causar desinterés, incluso con algunos gags que se notan forzados y otros que pueden resultar demasiado infantiles. También se repiten varias situaciones que pierden la fuerza humorística inicial e incluso hay un exceso en el retorno a los mismos escenarios, como es el caso de la morgue. Por último, la película transita entre diferentes tonos sin decidirse por uno en concreto, desde cierto ámbito gamberro hasta ocasiones ácidas.


Si bien es cierto que sabe unir sus detalles argumentales, que cuenta con momentos divertidos, incluso algunas escenas icónicas, con efectos logrados y espectaculares y con referencias y guiños a algunos de esos grandes mitos conspiracionistas, Men in Black no tiene la entereza suficiente para llegar a ser una gran película. Aunque no le falte carisma para ser una comedia atractiva de ciencia ficción con la que poder entretenerse cualquier tarde aburrida.

Escrito por Luis J. del Castillo





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