El exótico Hotel Marigold, de John Madden

16 enero, 2015

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La tercera edad es un terreno que ha ido perdiendo valor en la cultura occidental, relegando a las personas que llegan a cierta edad al olvido, a un regreso a la minoría de edad o a un sustento o ayuda para la vida de sus hijos, ya adultos. Pero olvidamos que detrás de esta etiqueta tan generalizadora, hay personas con inquietudes, con un pasado y con sentimientos y emociones, seres humanos en definitiva que tienen los mismos derechos que todos a continuar con su vida, por poco tiempo que les pueda quedar. 

Este canto de liberación es el que propone El exótico Hotel Marigold (The Best Exotic Marigold Hotel, 2012), de John Madden, director conocido principalmente por su película Shakespeare in Love (1998). Un canto de optimismo embarca en esta aventura coral a una considerable cantidad de personajes interpretados por actores británicos de soltura bien demostrada: Judi Dench, Tom Wilkinson, Bill Nighy, Maggie Smith son alguno de los nombres destacados. 


Un buen prólogo nos sitúa rápidamente en escena, con un protagonismo centrado en el personaje de Judi Dench, Evelyn Greenslade, una viuda reciente que siempre ha dependido de su marido y que va a pasar a depender de su hijo, salvo por su obstinación de seguir adelante y avanzar en la vida. De manera paralela, la película nos permite conocer a todos los personajes a grandes rasgos. 

Algunos tienen un claro corte humorístico, como Madge Hardcastle (Celia Imrie), una abuela que no está dispuesta a permanecer demasiado tiempo en un sitio ni mucho menos con su familia, por mucho que los quiera, o Norman Cousins (Ronald Pickup), que viene a revelar la necesidad del sexo en una etapa de la vida donde parece tabú, aunque en su caso estemos ante un hombre prácticamente obsesionado. Más dramático es el matrimonio compuesto por Douglas y Jean Ainslie (Bill Nighy y Penelope Wilton respectivamente), algo provocado por la crisis que atraviesan después de la excesiva confianza de Douglas en la hija de ambos y el carácter histérico de la esposa, cuyos nervios le impiden disfrutar del viaje en el que se embarcan durante la película. 


Un tanto ambiguos serán los personajes de Graham Dashwood (Tom Wilkinson), recién retirado de su puesto como juez sin explicación alguna y embarcado en un retorno a la India por motivos personales, y Muriel Donnelly (Maggie Smith), una anciana británica con actitudes racistas y continuamente malhumorada que no duda en ahorrarse el dinero de su operación trasladándose a un hospital situado, sin ella saberlo originalmente, en la India.

Este grupo de personas tan dispares acaban pronto viajando juntos al mismo hotel: el Marigold en la India, un desvencijado edificio que prometía en los folletos un proyecto aún en proceso bajo. Todo ello fruto del sueño del joven director Sonny Kapoor (Dev Patel), un ilusionado e inocente indio que trata de hallar la felicidad con una mentalidad optimista y esperanzadora ("Al final todo va a acabar bien, y si no acaba bien, es porque aún no es el final"), aunque muy conformista, falta de un espíritu de lucha y de organización. El destino del hotel va unido a su relación con Sunaina (Tena Desae) y del control que sobre él ejerce su madre (Lillete Dubey), ambas cuestiones relacionadas con el éxito o el fracaso del proyecto.


A diferencia de otras películas corales, como Love Actually (Richard Curtis, 2003), los personajes se encuentran y relacionan pronto. Esto plantea un inicio con fuerza y brío, que después se desliza hacia un desarrollo más lento, donde se busca sobre todo el encuentro con la cultura diferente de la India y la búsqueda de una nueva posición en el mundo, la mayoría de veces basada en el amor. Seguramente la historia más emotiva y con mayores matices la lleva bajo sus hombros Tom Wilkinson, cuya búsqueda en este exótico país es todo un enigma y cuya revelación y desenlace tendrá efecto en el resto de personajes. 

En el otro lado, el matrimonio Ainslie es la antítesis a las ilusiones que se van creando en el hotel, especialmente por parte de la esposa, a la que se le adjudique el papel de inadaptabilidad al nuevo entorno, pero también a su pasado: la desconfianza y la falta de pasión hacia su marido, unido a su obsesión por el juez y al cariño creciente que desprende su marido por Evelyn, quien no solo se ha adaptado al país sino que va encontrando la posición perdida en el mundo. Lamentablemente, ninguna de estas dos posibles relaciones extramatrimoniales se muestran interesantes, una por saberse sentenciada desde el principio por el desinterés del juez, y la otra por un tratamiento ineficaz y desapasionado.


Esta última característica empaña realmente el enfoque de la película. Pese a que se pretende crear ilusión y emoción en el espectador, los diálogos tratan de parecer trascendentales, pero se muestran apáticos en su desarrollo, pese a la buena interpretación del reparto. El uso de la cultura india tampoco está realmente explotado, con pinceladas que no provocan realmente un cambio en los personajes, pese a que se nos trate de hacer creer que es así. 

Incluso el cambio producido en la señora Donnelly tiene más relación con su propio pasado, al que se enfrenta como un espejo, que con el encuentro con otra cultura. Por otra parte, aunque se intenta acumular el humor con respecto al dueño del hotel, este personaje se encuentra demasiado sobrecargado de optimismo, que aunque resulta eficaz en oposición al espíritu de los huéspedes, puede resultar pesado al espectador en cuanto se mantiene demasiado tiempo en escena. 


El tramo final, sin embargo, se vuelve a cargar de significado y desenlaza con soltura los conflictos vistos hasta el momento, en una redondez de argumento que se agradece, pese a que el camino haya resultado ser más flojo de lo esperado, lo que perfila una película irregular en su conjunto.

No obstante, tiene momentos brillantes, una buena ambientación incluyendo la música de tonos exóticos para la ocasión de Thomas Newman, un mensaje optimista y positivo, unas buenas interpretaciones y la recomendación de seguir viviendo tengamos los años que tengamos.


Escrito por Luis J. del Castillo


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