Batman, de Tim Burton

10 septiembre, 2014

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Una ciudad Gótica -en traducción latinoamericana- se nos presenta con el aspecto oscuro que esperaríamos de una sociedad degradada, lo que realmente representa Gotham antes de la aparición de un salvador tan oscuro como la ciudad: Batman. Tim Burton, por su parte, se ha relacionado de manera íntima con esa ambientación que tan bien supo recrear cuando recayó sobre sus manos el proyecto de Batman en 1989, donde dejaría su marca.

Batman junto a Tim Burton
Para entonces, Burton no era tan reputado como ha conseguido serlo de manera posterior, pese a que la crítica no ha visto con tan buenos ojos sus últimos films, tales como Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010) o Sombras tenebrosas (Dark Shadows, 2012). Sin duda, Burton se ha caracterizado por seguir unas pautas personales y, en cierto sentido, caprichosas, ejemplo de ello es su afición a ciertos actores fetiches, tales como su amigo Johnny Depp o la que fue su pareja, Helena Bonham Carter, pero también ciertas temáticas, como una figura paterna en conflicto con el hijo o las tramas alrededor de la Navidad (en este sentido, no podemos olvidar mencionar Pesadilla antes de Navidad de la que fue guionista y productor).

Estas dos últimas menciones no son azarosas: Batman como personaje siempre se ha caracterizado por su orfandad, debida al asesinato de sus padres en su presencia, aunque lo cierto es que Burton no explota la parte de Bruce Wayne, alter ego del superhéroe, en este sentido. De la misma forma, aunque no sea exactamente Navidad, Gotham celebra durante el film la fiesta de su fundación, alrededor de la cual sucederán los acontecimientos. Pese a lo que puedan pensar los espectadores actuales, más habituales a la acción y a los efectos especiales de las últimas superproducciones sobre superhéroes, esta película no guarda este patrón, sino que se asemeja más a las aventuras alrededor de gángsters, con la presencia de un avezado detective, con alta tecnología a su alrededor, que les sigue la pista; nos referimos a Batman.


La película explota con gran acierto la vida del archienemigo más célebre del héroe de los cómics, interpretado por un soberbio Jack Nicholson, quien concede veracidad a un frío y psicópata mafioso, mano derecha del capo que domina la ciudad, Grissom (Jack Palance). No obstante, un accidental encuentro con Batman convertirá a este mafioso, Jack Napier, en el villano Joker, que se hará con el poder de la mafia y sembrará el caos en la ciudad gracias al envenenamiento de los cosméticos y productos de higiene.

La macabra sonrisa de sus víctimas sirve para representar su eterna sonrisa, fruto de una herida producida por nuestro superhéroe. Una excelente secuencia la encontramos en el momento en que Joker descubre su desfigurado rostro tras la operación quirúrgica, donde la locura gana a la poca moderación que tenía el personaje antes.


En el lado contrario, poco sabemos de Batman: simplemente aparece como un rumor entre maleantes, hasta que su figura aparece con la capa desplegada, como si fueran alas. Sutiles guiños en un plano alejado durante una conversación entre ladrones nos permite verlo rodear la escena. Sus métodos, algo bruscos, sorprenden tanto por su capacidad marcial como por su imponente figura. 

Michael Keaton, que fue una elección controvertida en su momento al estar considerado como un actor de comedia, realiza un buen Batman, pero se queda escaso en el papel de Bruce Wayne, que parece un personaje ausente, en exceso ensimismado, algo que quizás no sea solo culpa de Keaton, sino de la poca presencia que el alter ego tiene en el film, que junto a la seriedad que se le quiere imprimir al personaje, fortalece la personalidad de Batman.


En realidad, no resultaría difícil adivinar su identidad por ese carácter y su forma de actuar. Debemos defender, no obstante, la ausencia del pasado de Wayne, salvo por referencias concretas y relacionadas directamente con la historia del film, ya que aligera la carga de la película, especialmente para la mayoría de espectadores que ya conocían y conocen a personaje.

En posición de dama en apuros encontramos a la periodista Vicki Vale, interpretada por Kim Basinger, que pese a presentarse como un personaje fuerte, sobre todo en contraposición con el denostado Alexander Knox (Robert Wuhl), acaba cayendo en el perfil de la mujer en manos del villano, esperando el rescate del superhéroe. Perfiles básicos y clásicos que no son malos a priori, pero que no funcionan bien cuando se ha intentado presentar al principio la imagen de una mujer valiente y atrevida. Por otra parte, podemos destacar la actuación de Michael Gough como un mayordomo Alfred pendiente a todo, colaborando con sigilo y buen hacer.


No faltan en este film la cuestión de los sobornos y los chantajes, especialmente entre la policía y la mafia, aunque la película deja poco espacio al comisario Gordon y al resto de personajes relevantes. Gracias al ambiente siniestro empleado por Burton, de colores oscuros, la representación de la industria con sus humos y el único colorido proporcionado por el Joker, principalmente el verde, la realidad de Gotham recuerda a la corrupción del ser humano.

No es esta historia la presentación de un super-hombre contra el mal abstracto, sino que nos presenta una historia creíble y muy bien planteada en la creación del villano. Una vuelta de tuerca pretende enlazar el pasado de Bruce Wayne con el Joker, obteniendo así una motivación personal, aunque muy forzada, bajo la fórmula de una rocambolesca pregunta: Dime una cosa, amigo mío. ¿Has bailado con el demonio a la luz de la luna?


Tim Burton acertó en su planteamiento, pese a todas las críticas que obtuvo durante su producción: Batman no es un personaje de fantasía, es un hombre real. La ambientación, la selección de las historietas en que se basa el film y un guión que sigue la línea del género negro, aunque desde la perspectiva del criminal, obra de Sam Hamm y Warren Skaaren, lograron este resultado digno y entretenido. Gotham se ve como una ciudad oscura, representación de cómo son sus ciudadanos corruptos por el entramado mafioso.

Su ambientación también nos recuerda a Blade Runner (Ridley Scott, 1982), y ambas, sin duda, tienen una herencia, que merece esta mención, de Metrópolis (Fritz Lang, 1927), de esta última Burton recoge e imita algunas tomas para su recreación de Gotham. También de Orsen Welles bebe el director para varios elementos de la película, como el policía corrupto o la torre que sirve de escenario final. No en vano Burton rinde homenaje a través de la recuperación de elementos del cine que admiraba, lástima que sus últimas películas sigan otra senda.


Su éxito en taquilla produjo el interés por las secuelas, lo que acabaría por degenerar la franquicia hasta el tremendo fracaso de Batman y Robin (Joel Schumacher, 1997), dejando al personaje en el olvido cinematográfico hasta que Christopher Nolan lo recuperó con Batman begins (2005). No obstante, ni un hecho ni el posterior reinicio de la franquicia deben hacernos olvidar esta obra, que sin duda disfrutaron los espectadores en su momento y que, pese a sus defectos, especialmente en la estructura del guión, sigue siendo disfrutable, ofreciendo un tono sombrío y una perspectiva alejada de la que se ha instalado entre los superhéroes actuales, aunque estas películas sean herederas de la puerta que abrió en 1989 Batman.




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