Frozen, de Chris Buck y Jennifer Lee

14 junio, 2014

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Música, animación y Disney, una combinación que no ha dudado en dejarnos algunas de las mejores películas en el campo de la animación de la historia de este arte. Bajo esa estela se ha querido incluir la adaptación de un cuento de Andersen, La reina de las nieves, que atrajo también la atención del creador de la compañía, Walt Disney, pero que sufrió cancelaciones y aplazamientos hasta ver la luz en 2013: Frozen. 

Cartel de la cinta
No es la primera vez que el estudio se acerca a Andersen, ya lo hizo con la película que supuso su regreso al éxito, La sirenita (The Little Mermaid, Ron Clements y John Musker, 1989), igual que ha sucedido con esta cinta, que ha sido apreciada por crítica y público al ofrecer un contenido fresco -nunca mejor dicho- y diferente a lo que ofrecía la compañía en cintas anteriores, fruto del cambio obvio de tiempo y pensamiento, que algunos no aciertan a analizar para acercarse a películas antiguas de Disney.

Desde la compra de Pixar y tras el fracaso de la animación tradicional en cintas como Zafarrancho en el rancho (Home on the Range, Will Finn y John Sanford, 2004), la compañía apostó por cambiar a la generación por ordenador, con lo que obtuvieron un gran resultado gracias a cintas como Chicken Little (Mark Dindal, 2005) y Enredados (Tangled, Nathan Greno y Byron Howard, 2010), esta última la primera película en introducir a una de las denominadas "Princesas Disney" ya mediante la generación por ordenador, tras el último film de animación artesanal que realizó la compañía, Tiana y el sapo (The Princess and the Frog, Ron Clements y John Musker, 2009).

Realmente, se ha perdido la majestuosidad de esa animación que tanto nos deslumbró en películas como El rey león (The Lion King, Rob Minkoff y Roger Allers, 1994) para ofrecernos la espectacularidad de la animación digital, cuestión que no resta valor a la película, pero que sirve bien para ensalzar el valor que tenía lo tradicional de anteriores trabajos. De esta manera, el reino helado de Arendelle y, en especial, los poderes mágicos de Elsa sorprenden al espectador por lo bien realizados que están, cuestión de la que no podemos dudar ante el gran trabajo de este estudio tecnológicamente.


La historia se nos presenta de manera sencilla, aunque oculta tras de sí varios mensajes al espectador que se relacionan con el cambio de mentalidad que se está dando en los últimos films de Disney acerca del amor, pero sin perder algunos elementos característicos, como la orfandad o la crítica al egoísmo y la avaricia. Hay también en esta película una advertencia sobre la sobreprotección de los padres y el miedo a lo desconocido, así como una consideración sobre la responsabilidad de los propios actos.

La princesa Elsa, posterior reina, oculta su poder celosamente por la recomendación de sus padres, alejándose del resto del mundo, incluyendo a su pobre hermana Anna. Esta se resignará a vivir encerrada en un castillo con la esperanza de divertirse cuando tenga oportunidad y esa llegará con la coronación de su hermana. El encuentro inmediato con el amor, como un flechazo, será criticado desde esta película, siendo acertado el tratamiento en principio, pero autoprovocándose una trampa la película en el tramo final con el personaje de Hans por pretender dar un giro.


Kristoff funciona perfectamente como personaje principal, pero con valor secundario, gracioso, aunque sea fácilmente enterrado por Olaf, el muñeco de nieve y personaje destinado directamente al humor que logra no atosigar ni empañar el argumento, pero al que incluso se le llega a echar de menos en más ocasiones. Por otra parte, no encontramos un villano principal en el film, aún cuando se intenta introducir al final contradiciendo en gran parte la actitud de uno de los personajes durante gran parte de la cinta solo para cumplir con una de las críticas sociales de la película, crítica que se autolanza la compañía como parodia a las relaciones instantáneas de otros trabajos anteriores.


Por lo demás, la película logra un suave equilibrio entre humor, emoción y música, esta última esencial en las canciones que componen este nuevo musical Disney. Encajan perfectamente en el metraje, aunque la mayoría de canciones estén excesivamente acumuladas en el primer tramo para casi desaparecer a partir de la mitad de la cinta. Entre ellas, destacamos las dos interpretaciones de Por primera vez en años (For the First Time in Forever), que logran una combinación de voces bastante lograda y que transita entre el pesimismo y el optimismo de ambas hermanas, y la canción ganadora del Óscar, ¡Suéltalo! (Let It Go, compuesta por Kristen Anderson-Lopez y Robert Lopez), cuya letra reafirma la identidad del personaje y la superación de sus miedos, aunque desvele aún la influencia sobreprotectora de sus padres, fruto de la frágil relación con su hermana.


Aunque obviamente predecible y encajado en los arquetipos del género y de las películas Disney, debemos recordar que se trata de una película destinada a un público infantil, aunque ello no desmerezca para nada un resultado cuyo ritmo es ágil y que viaja bastante bien entre el humor y la emotividad sin caer en dramatismos innecesarios y con un destino incluso inusual para lo convencional de estas producciones. Realmente no ofrece nada nuevo, pero resulta refrescante -nunca mejor dicho- en las producciones animadas, siguiendo la estela de renovación que se vivió con Enredados y una muestra de cómo la unión entre Pixar y Disney es, cuanto menos, notable en sus producciones (sin olvidar que John Lasseter, director de Toy Story, se encuentra en la producción ejecutiva de la cinta).

Por último, debemos mencionar a Chris Buck y Jennifer Lee, directores de la película. El primero con una carrera esencialmente en Disney y que debutó como director con Tarzán (1999) junto a Kevin Lima, y la segunda que se estrenaba con este film tras participar en la producción del cortometraje A Thousand Words y como guionista de ¡Rompe Ralph! (Wreck-It Ralph, Rich Moore, 2012). Sin duda, un buen debut para la segunda mujer en dirigir un trabajo de la compañía.


Escrito por Luis J. del Castillo


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