La confianza en el freno motor, de Víctor Manuel Ruiz

06 agosto, 2013

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Traemos a nuestro Baúl la compilación de relatos de Víctor Manuel Ruiz que Stonewall sacó al mercado editorial el pasado mes de febrero. En nuestras manos tenemos la obra novel de un malagueño que ha sido bastante activo en el mundo de la blogosfera y ha participado en diversos medios. Bajo el título de La confianza en el freno motor nos ofrece ocho relatos variopintos, pero de calidad apreciable, unidos por la temática homosexual, en este caso masculina, que su editorial trabaja fundamentalmente, como ya pudimos ver con Nocturnabilia o Heliópolis

Diego Béjar (editor de Stonewall), Víctor Manuel Ruiz y Miguel G. (prologuista) [extraída de este blog]
Pese a que es nuevo en este mercado, Víctor Manuel ya tiene en su haber el primer puesto en el I Concurso de Literatura LGTB de la Asociación Ojalá Málaga, además de publicar en su blog No es país para gordos diversos textos, la mayoría en protesta y para desmitificar las actitudes sociales contra el canon de perfección plasmado en los medios de comunicación. Ahora se nos presenta con esta serie de relatos que prometen viajar en el tiempo y el espacio, hacia diferentes situaciones con las que el lector se podrá sentir relacionado, sea cual sea su condición sexual, porque como defenderemos siempre, una historia de amor lo es independientemente del sexo de los amantes.

No obstante, aunque se presentan de forma conjunta, los ocho relatos distan entre sí y deben ser examinados de forma independiente, observando cada árbol entre este bosque de letras. Los dos primeros sí cumplen la expectativa de viajar en el tiempo y el espacio. En El Zar en la hoguera nos adentramos en la vida de un joven esclavo en los albores de la Revolución Rusa, donde observaremos la brutalidad de un sistema donde se dan abusos sexuales por parte de quien tiene el poder hacia el débil, una situación que, pese a estar situada a inicios del siglo XX, sigue estando presente en nuestros tiempos. El autor, dentro de la turbulenta historia, nos deleita con parte de esa intrahistoria, como diría Unamuno, que es profundamente más humana que la de los grandes héroes y hazañas bélicas, recordando también al estilo de Ayala en sus obras La cabeza del cordero y Los usurpadores, dejando también el examen de conciencia para protagonista y lector, que deberán ver cómo la historia, en su devenir, arrasa con buenos y malos, con amores y abusos por igual.

Soldados durante la Revolución Rusa
Este primer relato muestra esta represión histórica, mientras que el segundo, Cocula, se detendrá en la perspectiva familiar y cultural. Nos situamos ahora en México, donde el protagonista se enfrentará a su reflejo, a su verdadera orientación, descubriendo a la par secretos familiares y frustraciones debidas a la pesada carga paterna. Este es el conflicto con el que muchas personas se siguen encontrando hoy, incluyendo el rechazo familiar en un ambiente donde se valora la hombría de una forma casi prehistórica. Como confesábamos antes, algo que aún hoy se vive, pero sin necesidad de recurrir a grandes acontecimientos históricos, sino en la cotidianidad de una familia. Y de estos dos relatos tan alejados, nos encontramos con el más breve y poético, Porque.

De forma anafórico, Víctor Manuel parece describirnos una tercera represión, la que nosotros mismos nos imponemos. Según avanza en sus motivos, el narrador se va liberando de ese estado, ofreciendo además un toque más realista, justificando su decisión final en diferentes razones de su vida. Quizás la continua anáfora del porque puede resultar agobiante pese a encontrarnos con la pieza más breve del libro. Como podemos observar solo con estos relatos, subyace entre estos relatos la idea de una represión que afecta a los homosexuales desde diversos campos, como los propios acontecimientos históricos y la mentalidad de sus protagonistas, la cultura, la familia o la propia persona. Aunque seguirá siendo fundamental esta idea en el resto de relatos, de una u otra forma, el que atiende a todas estas puertas será Viraje, el más extenso de todos y, sin duda, la mejor pieza narrativa.

Porque tenía que elegir entre desear desear o desear realmente. Y salté. (Porque, p. 87)


Dentro de una forma más tradicional tras la experimentación anterior, nos ofrece un relato más coloquial y cercano, que comienza in media res, ofreciéndonos un extenso flashback que nos llevará desde la adolescencia de nuestro protagonista hasta la actualidad, transcurriendo junto a las páginas los años de la Transición y de la Movida madrileña, dejándonos la historia no solo de una vida, sino de todos los que la rodean, amigos, novios, familia, una ciudad, un pueblo y todos sus tiempos. Desde esa revelación inicial tan sorprendente, cosa que volverá a repetir en Dos deditos de Viagra, veremos el paso del pueblo a la ciudad, similar al segundo relato pero situado en la España de los último cuarenta años. También habrá un paso de la represión al exceso, idea que se ofreció también en Porque, y de ahí a una estabilidad salpicada de momentos de depresión y nuevas ocasiones estables, hasta que se dé un paso más con las dudas hacia la orientación sexual en una ida hacia la heterosexualidad.

A la par, también nos ofrece el escenario de la evolución de la lucha en pro de los derechos de gays y lesbianas, con la participación del protagonista en diversas plataformas. No obstante, también hace notar las incomodidades de un colectivo tan plural, salpicado también de sus desenfrenos y enfermedades, como en otros ámbitos. Sin lugar a dudas, este relato despliega en toda su extensión una vida de dudas, angustia y tragedia personal que resulta verdaderamente real, también gracias a una prosa limpia y ligera. El lector quedará anclado en este viraje y en las dudas de si el optimismo y el deseo final del protagonista verán la luz, abandonándolo en ese momento con el sentimiento de que cierras la historia de un amigo.

Ese era yo. Esa era mi verdadera naturaleza. La realidad. Un invertido. Un maricón. Ese era yo. Un puto. Un cualquiera. Un promiscuo. Ese era yo. Era homosexual. [...] Apoyé la cabeza contra la  almohada y lloré hasta el amanecer del siguiente día. Que fútil me parece todo eso ahora. (Viraje, p. 100)

Two Men (Lucian Freud, 1922-2011)
Los dos siguientes relatos, El momento ha llegado y La confianza en el freno motor, comparten el mismo tema de un primer encuentro entre dos amantes, con todas sus dudas y desazones. En este punto se centra sobre todo el primero, con una reflexión acerca de la primera vez desde el punto de vista del hombre experimentado que va a disfrutar el momento. Además, ofrece una relación entre el sexo y la muerte, otorgando a esa primera ocasión un valor mayor, algo que no es novedoso si atendemos a la idea de algunos escritores que ya en el Siglo de Oro español consideraban al orgasmo como una pequeña muerte, pues se concebía que se estaba entregando la identidad al otro.

Se nota, sin embargo, una prosa más apresurada, que ofrece ideas fútiles y prescinde en ocasiones de enlazar mejor la escena, pudiendo descolocar un poco al lector, especialmente tras el gran hilo que supone Viraje. Aunque deja buenas escenas, es quizás el más flojo de los relatos a falta del factor poético de Porque.


El relato homónimo a la obra entera nos deja a los lectores habituales, y más a los filólogos, una sonrisa nerviosa cuando vemos nombres como Mario del Cid o Jimena que parecen ser un guiño a las primeras piedras de nuestra literatura con el Cantar del Mío Cid, un simple detalle curioso de esta pieza concreta. De Córdoba a Torremolinos, nos ponemos al volante de la vida de Mario, un abogado en sus treinta y seis años que, recuperando la represión como factor esencial, sigue atado a sus dos anteriores relaciones y a su familia, encabezada por su madre. De todo ello intentará sacarlo Gonzalo, mucho más joven que él, que le muestra la libertad que le está esperando, la vida que él realmente desea vivir con autenticidad. 

El relato nos deja, por ejemplo, una escena que combina el descubrimiento de la orientación sexual dentro de la camaradería juvenil combinada con cierta inocencia infantil en un desnudo adulto; pero también, diversas recomendaciones que se trasladan desde el autor hacia sus lectores a través de estos personajes. Un recurso que muchos emplean, que podemos ver, por ejemplo, en El tiempo que querría, del italiano Fabio Volo, y que siempre engancha al lector a descubrir más, a motivar su lectura con las canciones que se escuchan durante el relato o a coger los libros que reposan en los estantes imaginarios de estos personajes.

Eso es la vida: aprovechar lo que tienes sin obsesionarte en lo que ya perdiste. (La confianza en el freno motor, p. 186)

Couple hugging (Raphael Perez, 1965-)
El encuentro con Gonzalo cambiará la vida de Mario, quien confiará desde entonces en el freno motor, seguramente uno de los consejos más provechosos del libro, encabezado precisamente por estas palabras del padre del protagonista. Nos muestra la necesidad de tomar las riendas de nuestra vida, a acabar con las anclas de amores pasados truncados y, sobre todo, acabar con la represión para liberarnos y ser realmente quienes deseamos ser.

De una forma muy diferente a los demás, nos encontramos La muerte es bizca, que de una forma experimental recoge la crisis artística del escritor, con una profunda reflexión hacia las fuentes y cómo escribir, acogiendo cierto sabor justiciero en su final. Víctor Manuel despliega sus habilidades y conocimientos para recrear diferentes comienzos y escenas en una historia algo intrincada, algo más alejada del resto de relatos, pero que te arrastra con cierto gancho intrigante. Quizás no sea la mejor pieza de la obra, pero, sin duda, es la más curiosa de todas.

Para cerrar la obra, Dos deditos de Viagra, un agradable colofón que entremezcla sonrisa y lágrima, gracia y emotividad, incluyendo un giro final mágico y dejándonos una relación llena de cierta ternura que llega al corazón. Todos querríamos, en cierta forma, poder compartir un baile con don Aurelio y descubrir que no importa, que no hay ojos que juzguen ni miradas que rehuyan la realidad, la mágica realidad, de un momento tan auténtico. Conserva este relato el característico proceso de la represión a la liberación, pero pesa con más fuerza el descubrimiento de un personaje tan atractivo como don Aurelio, que queda dibujado en pocas líneas y que, junto al protagonista de Viraje, es uno de esos personajes clave que hacen a una obra ser única.

El balance de la obra es muy positivo, pese a momentos más dudosos, Víctor Manuel Ruiz ha conseguido con su ópera prima crear una obra coherente, creíble, muy humana y con una lectura tan amena como atractiva. Confiemos en que continúe con motor suficiente para deleitarnos de más escritos, para seguir regalándonos historias vivas sin abandonar nunca su carácter crítico.

Escrito por Luis J. del Castillo



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