El hombre de acero, de Zack Snyder

17 julio, 2013

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Uno de los superhéroes por excelencia, sin duda el más reconocido, volvía a nuestras pantallas hace apenas un mes. Hablamos de la nueva revisión de Superman de la mano del director Zack Snyder contando a su vez con la producción de Christopher Nolan, director de la popular trilogía que supuso el reinicio de Batman con Batman begins (2005), un tándem que sin duda llamó la atención de los fans de este tipo de películas tras haber disfrutado de la trilogía noliana. Sin embargo, El hombre de acero (Man of Steel) ha resultado ser diferente, pues estamos ante un superhéroe distinto, pese a ello, la huella de lo hecho anteriormente está vigente y quizás no ha resultado tan satisfactorio para la crítica como se pretendía, pese a que comercialmente ha rendido perfectamente.

No estamos ante un mal equipo, Zack Snyder ya había protagonizado la dirección de otras adaptaciones de cómics, como 300 (2006) o Watchmen (2009), Nolan deslumbró a muchos con su tratamiento del murciélago en compañía del guionista David S. Goyer y el elenco prometía; pero, lamentablemente, tiene deficiencias para ser considerado un auténtico film de Superman, de ese superhéroe perfecto que tanto había gustado a finales de los setenta en la piel de Christopher Reeve, sin volver a despegar del todo y tropezando drásticamente con Superman Returns (2006), el fallido homenaje de Bryan Singer. Quizás en los últimos años solo la serie Smallville ha gozado del favor del público.

Russell Crowe como Jor-El
No obstante, esa es la mayor dificultad a la que se enfrenta El hombre de acero, pues la historia del personaje es conocida por todos, y, a la vez, todos deseaban volver a ver esa misma aventura. Snyder nos la ofrece pero con una visión distinta. Partimos del planeta Krypton en las escenas iniciales del film, donde nos logra recrear todo un mundo de ciencia ficción con espectaculares fotogramas que, como en otras películas actuales, parecen cinemáticas de juego, pero en esta ocasión de forma muy acertada. Acompañamos a Jor-El (Russell Crowe) en esta pequeña aventura donde mostrará sus dotes bélicas, logrando su propósito de salvar a su hijo de la destrucción del planeta a la par que hace frente al general Zod (Michael Sannon), el villano del film. Todo este prólogo recrea todo un mundo de ciencia ficción posiblemente como nunca antes lo habían hecho en el cine respecto a este personaje, otorgándole un sentido distinto a Superman y, a la vez, a todo el metraje.

En contrapartida, estando ya en la Tierra, seguiremos al hombre de acero a través de su vida cotidiana adulta, con flashbacks fragmentados de su infancia y juventud que dejan con ganas de más, colaborando solo en la formación de la personalidad frágil del personaje pero no en su vida conocida como Clark Kent. Continúan aquí, y lo harán el resto de la película, la explicación de los poderes del personaje de una forma pseudo científica, asentada en la ciencia ficción que se crea para la ocasión y que, vuelvo a repetir, funciona perfectamente y es de lo mejor que nos brinda el film.


Ahora bien, no considero que estemos ante Superman ni ante Clark Kent, sino ante ese anónimo hombre de acero. Esta filosofía sobre la película se refleja muy bien desde su título hasta su final. Aunque muchos han considerado negativo este hecho, realmente resulta más útil y original que las veces anteriores, consiguiendo crear un personaje más profundo, con más conflictos internos y con la necesidad de elegir qué ser, una decisión sobre la que se ahondará en todo el argumento. Esta no es una historia de un hombre llamado Clark Kent y su doble identidad de Superman, el ser venido del espacio, sino la que nos narra cómo surgió la concepción de ese superhéroe en la conciencia humana, testigo de los poderes de este alienígena, tanto es así que el nombre de Superman solo aparece completo en una ocasión, y surge como una denominación que le otorgan los seres humanos, sin brotar de él ni de su famoso emblema, que él entiende de otra forma.

Tampoco es la historia de Clark Kent, pero sí la justificación de su existencia posterior. Podríamos entender bien este film como un inmenso prólogo a lo que serán ambos personajes, aunque eso desmerecería mucho la duración que ha tenido finalmente y otras cosas rescatables del film. Pues si bien el film funciona bajo este concepto aquí explicado, también peca de excederse en espectacularidad visual, especialmente en largas batallas que muestran una y otra vez lo mismo, y unas escenas demasiado breves en el carácter más humano, dejando casi huecas el resto de interpretaciones, que se reproducen prácticamente como arquetipos, ya partan del cine de acción, del de ciencia ficción o de otras adaptaciones sobre superhéroes.


Son poco creíbles tanto la relación que se intenta crear entre Lois Lane (Amy Adams) y Superman como algunas escenas que pueden resultar ridículas, por ejemplo, la relacionado con el tornado o el último encuentro entre el general Swanwich y nuestro superhéroe. En cuanto a los villanos, dentro del concepto que Snyder explota alrededor de Krypton, resultan auténticos y motivados, aunque al general Zod le falte el carisma de su compañera Faora (Antje Traue), pese a que realmente pone contra la espada y la pared a Superman, llevándolo no hasta sus límites físicos, sino morales. Podemos observar con este análisis que el film gana mucho en conceptos y otorga una profundización dramática y psicológica al argumento, mostrándonos a su vez a un superhéroe que no es tan fuerte como debiera. Debemos darle ese punto a favor, pese a que sus deficiencias pesan bastante, fruto de algunas malas decisiones, de un intento de deslumbrar con impresionantes escenas visuales y de la falta de empatía con algunos personajes o actores.

Amy Adams, Henry Cavill y Antje Traue durante una escena del film
Aún teniendo en cuenta estos puntos negativos, podemos decir que la película rezuma emoción, resultando intrépida, en ocasiones atropellada, pero dejándonos escenas que llegan a presionarnos contra los sillones, porque aunque sabemos que el superhéroe, deus ex machina, logrará su objetivo, este argumento nos hace dudar, precisamente porque no estamos ante nuestro ya conocido Superman.

Finalmente, sobre los actores, se muestran correctos, Henry Cavill realiza un buen papel del superhéroe, quizás falto de cierto carisma y, en ocasiones, algo falto de expresividad. Al lado de Superman, Amy Adams se pone al frente de Lois Lane como una reportera todoterreno, que, personalmente, no parece cuajar del todo, quizás por tener un camino muy marcado por las circunstancias. Los veteranos Russell Crowe y Kevin Costner no brillan demasiado, el primero salvo en las escenas iniciales de Krypton, donde recuerda sus tiempos de Gladiator (Ridley Scott, 2000), se muestra muy monótono en el resto, comprensible por su situación de conciencia virtual; al segundo, le falta espacio para poder demostrar algo mejor, participando solo en flashbacks demasiado fragmentados como para llegar al espectador más allá de esas frases que le otorga el guión. Mejor parados salen los principales villanos, el resto apenas suponen un cameo, Michael Shannon firma una buena interpretación, falta también, y nos repetimos, de carisma, algo que sí logra Anje Traue pese a sus pocas escenas y sus breves intervenciones con diálogo; la relación que establece el personaje de Traue con el coronel Hardy (Christopher Meloni), aunque resulte un cliché, tiene una chispa que le falta a otros.

Michael Shannon como el general Zod
Un inciso breve sobre el apartado técnico. Si bien es cierto que la fotografía en algunos momentos es hermosa y que los efectos especiales están bien desarrollados, la película falla en lo que podría parecer menos importante: enfocar bien con la cámara. Da la sensación de que sujetaban la cámara a pulso, temblando la imagen en numerosas ocasiones, lo que ocasiona el efecto de estar ante una película de menor calidad, como en ocasiones ha repetido nuestro compañero Javier, no hace falta mover la cámara para simular naturalidad o descontrol, y mucho menos en escenas donde no se pretende mostrar eso.

En conclusión, El hombre de acero contiene buenos toques de ciencia ficción y crea una buena base para un futuro y real Superman, abriendo las puertas y sirviendo de prólogo a una auténtica película del superhéroe después de haber superado su primera gran prueba y su gran combate interior por descubrir quién es. No obstante, como film único flojea en varios aspectos, tiene unas actuaciones que no llegan a ser brillantes y se excede en espectacularidad sobre argumento.

Logra ser entretenida y resulta visualmente impresionante, pero no conquistará a los que esperen de forma acérrima ver al superhéroe de siempre ni aquellos que sigan enamorados de la banda sonora, brillante sin duda, de John Williams, sustituido aquí por un Hans Zimmer bueno como siempre, pero que no deja ninguna melodía memorable. Quizás debamos darle una segunda oportunidad para redondear mejor lo planteado aquí, mientras tanto, disfruten de este entretenimiento de más de dos horas.

Escrito por Luis J. del Castillo


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