Adaptaciones (X): El señor de los anillos, de Peter Jackson

14 diciembre, 2012

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En 1999 se reunieron los requisitos para crear la última gran aventura épica que ha vivido el cine. En gran medida, una de las culpables, junto a la exitosa saga de Harry Potter, del boom de adaptaciones cinematográficas que se están dando en la literatura de fantasía, propiciando un descubrimiento para las productoras a nivel de recaudación. Si bien es cierto que literatura y cine han ido de la mano desde los inicios del séptimo arte, la trilogía de El señor de los anillos logró transportar a la gran pantalla no sólo la narración de Tolkien, sino también la posibilidad y la oportunidad de llevar otros libros de iguales características. Sobre las virtudes y defectos de estas adaptaciones se podrían escribir ríos de tinta, pero es preferible centrarse en el material que tenemos entre manos.


Peter Jackson
La Tierra Media, un lugar extraño que Tolkien creó a partir de los antiguos mitos escandinavos, un mundo en el que se encargó de conformar toda una historia, una idiosincracia, que se ha rescatado de todo lo que desarrolló en vida. Sin duda, su obra de fantasía más conocida sobre este universo es El señor de los anillos, una trilogía donde replegó sus artes de gran narrador, con un detalle único para recrear todo el ambiente y la imaginación necesaria para lo que quería mostrar al lector. En este sentido, Peter Jackson, director de los films, se vería en el reto de transportar de aquellas páginas las imágenes que mostraría en sus fotogramas. El resultado no disgustó, pese a una recepción inicial de la crítica algo fría, pero que lograría caldear tras la proyección del último film, que le valdrían un total de once Óscar, igualando el número de Titanic (James Cameron, 1997) y Ben-Hur (William Wyler, 1959), formando un trío cinematográfico bastante peculiar.

Acecando nuestra mirada a la historia, seremos transportados al hábitat de unas criaturas simpáticas y bonachonas que nos transmitirán la serenidad y la alegría de unos tiempos de paz: los hobbits. Similares a los enanos, pero lampiños, dados a las labores de campo más que a la guerra, y de un carácter más festivo y campechano. Aunque no todos son iguales, Bilbo Bolsón, protagonista de la novela El hobbit, resulta ser casi un extraño, el único que se embarcó en una aventura lejos de la querida Comarca. Y junto a él, su sobrino Frodo, futuro protagonista, inocente de un destino nada favorable, que admira y quiere a su tío, aún viviendo feliz en aquel territorio de ensueño.


Todas estas sensaciones e imágenes son captadas por la cámara, con los adecuados arreglos a la escena y la música perfecta para la ocasión, y para todas las demás ocasiones. No en vano El señor de los anillos se caracteriza por tener una serie de leitmotivs muy reconocibles y que nos acompañarán en las tres películas, creando un ambiente musical capaz de ser interpretado con los ojos cerrados. Con esos mismos ojos con los que se nota la oscuridad que la trama va tornándose tras la aparición de un misterioso anillo de oro, propiedad de Bilbo, y con la extraña cualidad de tornar invisible a su portador.


Como nos descubrirá el carismático personaje de Gandalf, el anillo tiene un pasado cruel, signo del mal. Comienza así La comunidad del anillo su travesía desde la Comarca hasta Rivendell, donde se formará una compañía de nueve personas (un elfo, un enano, dos hombres, cuatro hobbits y un mago) para destruir el anillo en el lugar donde fue forjado, un reino que es la antítesis de la Comarca: Mordor. En el camino se sucederán las batallas, los encuentros con seres extraordinarios, las traiciones, los sitios más oscuros y los más bellos; en conclusión, un viaje a través de toda la Tierra Media donde los personajes evolucionarán, madurarán y ocuparán sus destinos inevitables.

La Comarca y Mordor
Bajo la sombra del miedo que emana Sauron, un malvado identificado con un gran ojo ardiendo, la comunidad del anillo tendrá que enfrentarse a las hordas de orcos que forman su ejército, lo que llevó a representar diferentes batallas a lo largo de las películas, in crescendo hasta la batalla final en El retorno del rey. No obstante, como nos muestra la película, en ocasiones las pequeñas personas son decisivas para el destino común. Por ello serán los hobbits, esas criaturas inocentes y alejadas del mundo las que sufran una mayor evolución, conformándose como verdaderos aventureros y guerreros.

Si bien la carga argumental de la trilogía cuenta con muchas escenas, la idea matriz es simple, al igual que los matices de los personajes. El eco de lo que vemos en el film es la adaptación fiel, agradecida por los seguidores de los libros, de la obra de Tolkien, quien, pese a ser un grandísimo narrador, tiñó sus historias de una lectura simple e ideológicamente cristiana: bien contra mal. Este hecho no nos debe enturbiar la diversión y el espectáculo que tenemos ante nosotros, pues no es la primera obra ni la última donde hallaremos esa lucha entre malos y buenos.

El ojo de Sauron, villano del film
Retornando a lo mencionado antes, Peter Jackson logra transportar con la fidelidad de un seguidor de Tolkien los tres libros, alcanzado la notable cifra de 683 minutos, es decir, más de once horas, en la versión final, reducida considerablemente para la proyección en salas. Es necesario, sin embargo, visionar las tres películas en su duración completa, comprendiendo mejor la trama, especialmente por los fragmentos que omitieron en El retorno del rey, en ocasiones relevantes para entender mejor algunos sucesos. Como es obvio, con esta conclusión de la trilogía Peter Jackson obtuvo fama mundial, pero también sirvió para engrandecer a actores que habían alcanzado ya cierto prestigio, como Ian McKellen (actor de Gandalf), que el año anterior había interpretado a Magneto en la película X-Men (Bryan Singer, 2000).

También para lanzar al estrellato a otros intérpretes, como fueron los casos del desconocido Orlando Bloom, que ocupaba el papel del elfo Légolas aportando más belleza masculina que dotes interpretativas; Viggo Mortensen, cuyos cuarenta años sirvieron para la experiencia que pudo aportar a un Aragorn inolvidable; o Elijah Wood, que ya tenía una carrera como niño estrella, pero con cuya interpretación de Frodo Bolsón, protagonista del film, despegaría hacia otros horizontes.

A nivel técnico, aún hoy, habiendo transcurrido más de diez años, desprende una magia con sello personal, con efectos especiales que no han quedado obsoletos, como han podido hacerlo otros films de la misma época. 


La banda sonora, como ya mencionamos, se ha convertido en una de las más reconocibles de los últimos años, con una fantástica melodía épica como representante de toda la saga y la canción May it be, de Enya, para los títulos de créditos del primer film y que obtuvo una gran popularidad. No podríamos dejar atrás un detalle de importancia: el uso del lenguaje élfico creado por Tolkien en las películas, otorgándoles un mayor realismo a las escenas, aunque para interpretarlas necesitemos subtítulos.

La comunidad del anillo

Gollum
Cabe mencionar, a modo de curiosidad, que no fue la primera adaptación que se hizo de esta trilogía, varios años antes se hicieron unas películas animadas sobre El hobbit y la trilogía El señor de los anillos con dibujos algo toscos y con medios que recordaban al cine clásico, una rareza de la que, sin embargo, se desprenden similitudes con la versión que nos trae Jackson. Por otra parte, merece la pena mencionar el claro hecho de que gracias a estas películas, el imaginario de Tolkien ha pasado a ser un rasgo cultural de Occidente y es fácil encontrar menciones a realidades de esta obra, como los orcos de Mordor como insulto de fealdad o la expresión del personaje Gollum, mi tesoro. Además de multitud de parodias, entre las que merece ser destacada el doblaje íntegro realizado por el grupo gallego TrolaFilms, con un lenguaje mucho más soez y referencias españolas.


La trilogía merecería una buena revisión de cada uno de sus films de forma independiente, aquí os hemos dejado una semblanza general de lo que supone hoy volver a ver esta trilogía en su totalidad, con pequeños apuntes a todo lo que supuso en su momento. Su perpetuidad en los puestos de honor en el cine está, de momento, asegurada, al menos como la gran adaptación de literatura fantástica que es. Y sirve, además, como prólogo, pese a ser el desarrollo argumental posterior, del visionado de El Hobbit: un viaje inesperado (2012), de inminente estreno.

Poca relación real hay entre ambas obras, pues la aventura que nos narra la precuela de El señor de los anillos contiene un peso más liviano para el espectador y para la obra. Resulta así curioso la división en tres films de una novela más breve que el primer libro de la trilogía; lo cual nos puede asegurar que Peter Jackson ha aprovechado cada línea de la novela, o ha decidido inventar. Sea cual sea su decisión, esperemos ver su resultado, y observar si logra mantener el espíritu no de El señor de los anillos, sino de la Tierra Media del fantástico Tolkien.



Escrito por Luis Jesús del Castillo Montes


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