Adaptaciones (VIII): El nombre de la rosa, de Jean-Jacques Annaud

09 noviembre, 2012

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El éxito que vivió una novela italiana en los años 80 la catapultó como objetivo de una adaptación cinematográfica seis años después. Umberto Eco se había convertido en un fenómeno editorial con esta obra titulada El nombre de la rosa (1980) y que, a simple vista, era una novela negra situada en la Edad Media. Las referencias culturales de la obra así como los distintos niveles de lectura que ofrece podrían dar mucho de qué hablar, pues estamos ante un conjunto de citas, referencias intertextuales y argumento detectivesco-medieval que ha suscitado centenares de páginas de crítica y análisis. Incluso algunos años más tarde su publicación, el autor decidió escribir un volumen dedicado a ser una especie de poética de la obra: Apostillas a El nombre de la rosa (1984).

Sin embargo, lo que hoy nos ocupa es la adaptación que llevó a cabo Jean-Jacques Annaud en una producción ítalo-franco-alemana. Es importante aclarar, para comenzar, que el director francés, conocido por otras obras como En busca del fuego (1981) o Siete años en el Tíbet (1997), no quiso que su película se conociera como una adaptación de la famosa novela, sino de una interpretación personal inspirada por la misma. 

De ello mismo hablaría Umberto Eco en alguna entrevista de la época, señalando que Annaud ya avisó que no haría una copia cinematográfica del libro, sino un palimpsesto, es decir, un manuscrito que se escribía encima de otro original, produciendo la creación de dos textos diferentes. No obstante, advierte el autor italiano, si él no hubiera estado contento con la visión del film, su nombre no hubiera aparecido en los créditos como autor de la novela original e inspiradora.

Jean-Jacques Annaud y Umberto Eco
Así pues, la película evade especialmente discusiones filosóficas o teológicas que aparecían en la novela para centrarse en el thriller medievalista y en la historia de amor, alterando algunas escenas del texto base para encontrarnos con una obra más adecuada al lenguaje cinematográfico. Conserva, no obstante, muchos de los guiños culturales que había en la obra original e, incluso, los potencia. 

El espíritu del libro, en cierta forma, sobrevive edulcorado y adaptado para otro tipo de espectador. No en vano, la película se convirtió en un éxito popular, aunque no tanto para la crítica que vio en el film una traición a una obra magnífica (efecto que aún hoy se produce en aquellos que buscan encontrar en una película el mismo lenguaje que encontró en un libro).


Centrádonos en la película y en el argumento que nos presenta, nos situamos en una abadía medieval a la llegada de dos monjes, uno es Guillermo de Baskerville, y el otro, un novicio, aprendiz del primero, llamado Adso de Melk. Ambos son recibidos como invitados en esta abadía, a la que llegan, según descubriremos después, para un debate entre el papado y los franciscanos sobre la riqueza o la pobreza de Jesús, un debate que bien podría parecer insignificante, pero que trascendía y afectaba a la cúpula eclesiástica, al cuestionarse si ellos, como seguidores de Jesús, debían ser o no ricos.

No obstante, dada la gran inteligencia e intuición de Guillermo, este se percatará de la sombra misteriosa que se cierne sobre la abadía, marcada por una serie de muertes extrañas en referencia al libro bíblico del Apocalipsis. Nuestro protagonista, interpretado por Sean Connery, ignorará esas profecías para centrarse en un análisis crítico y concienzudo: hay un asesino y una motivación en todo aquel asunto, y él debe resolverlo antes de que quede en manos de una explicación evadida de realidad.

Sherlock Holmes, Guillermo de Baskerville y Guillermo de Ockham
Con cierta brevedad, podríamos expresar que este film bien podría tratarse de una historia de un Sherlock Holmes medieval, pues Guillermo de Baskerville se convierte en una referencia continua a este personaje, compartiendo su apellido con el famoso caso El sabueso de los Baskerville y tomando alguna frase popularizada del personaje, como el "elemental" cinematográfico. Como nuestro querido detective, del que ya hemos hablado en otras ocasiones tanto literaria como cinematográficamente, Guillermo conduce su pensamiento por la lógica y la razón, siguiendo sus mismos procedimientos analíticos e ignorando lo sobrenatural como explicación final. También hay otro homenaje, más erudito, a Guillermo de Ockham, pues comparten pensamiento teológico e incluso Ockham participó en un debate en torno a la pobreza -o riqueza- de la Iglesia.

Además, su compañero y ayudante Adso comparte con Watson, además de una pronunciación similar, una personalidad parecida, sorprendido siempre de las dotes de su maestro, aunque quizás en esta versión medieval, más dependiente de Guillermo. La relación entre mentor y alumno comparte líneas con la relación entre los dos amigos londinenses, e incluso es Adso el narrador de esta historia desde su vejez, al igual que Watson se encargó de dar a conocer las investigaciones de Holmes.


Siendo una película negra, también acierta en la temática sobre el libro en la Edad Media, mostrando su importancia para la vida medieval, mostrando a la par la admiración de Guillermo de Baskerville a la biblioteca de la abadía como la consideración de peligro que recibían los textos, siendo un libro el motivo de todos esos hechos turbios. Precisamente, el texto bíblico del Apocalipsis es la base para los crímenes de la abadía, justificación del asesino para alejar sospechas y causar el caos entre los frailes más crédulos. 

Años más tarde se volvería a tomar una justificación bíblica para la realización de crímenes en Seven (David Fincher, 1995), pero en un contexto más contemporáneo, coinciden incluso en el aspecto de una de las víctimas. Y la biblioteca es vista también como un laberinto con trampas, señal de cómo los libros eran considerados peligrosos para manos inocentes (teniendo en cuenta lo que se concebía peligroso para la Iglesia católica medieval). Otra de las escenas la dedican a la lectura de los edificios, pues dado el valor que se le otorgaba al mundo, interpretado como un libro natural, así creaban esculturas que representaban las Sagradas Escrituras, que Adso ve representadas en las esculturas de la abadía.


Por otra parte, hay una historia de amor que, a diferencia del libro, se ve potenciada. Adso, incumpliendo en cierta forma sus votos, se entrega a una relación carnal con una campesina de los alrededores, quien será culpada por la Inquisición de los crímenes de la abadía, al ser considerada bruja. La interpretación del título, El nombre de la rosa, que en la obra original tenía otro significado, adquiere en la película un matiz romántico, quizás más identificable con el espectador.

Abundan, además, las referencias a la sexualidad en las conversación, sobre todo el tema de la homosexualidad en los frailes de la abadía, así como las escenas que muestran la vida monacal en el medievo, la diferencia de clases e incluso la realización de la matanza del cerdo. No obstante, pese a esa buena adaptación, la película pierde el cuestionamiento del libro sobre el bien y el mal, adjudicando el papel de malvados a unos personajes concrectas que recibirán, en cierto sentido, su castigo. Surge, por ejemplo, Bernardo Gui, que bien podría ser el Moriarty de Holmes para Guillermo, y que representa la vertiente más sanguinaria de la Inquisición.

F. Murray Abraham interpretando a Bernardo Gui
A pesar de que nuestro protagonista fue inquisidor, este interpreta el papel que desempeñó como una orientación dentro de la Iglesia hacia la (re)orientación de los considerados herejes, mientras que en la actualidad en la que se desarrolla la película, la Inquisición ha adoptado una postura más radical, tendiendo al castigo y al asesinato, representado en este caso por el mencionado Bernardo. Ante este tipo de actitud y de resolución, Guillermo tan solo muestra su negación.

En este sentido, el personaje principal se nos presenta como un pensador revolucionario, incluso contra ideas tan arraigadas en su época como la consideración de la mujer como ser malvado (heredera de la Eva bíblica); Guillermo parte de la idea teológica de que una criatura de Dios no puede ser mala. Algunos guiños al carácter innovador de este personaje serán tanto los binoculares que usa como en algunos cubiertos que emplea para comer, para sorpresa de los frailes de la abadía.

Feodor Chaliapin Jr. interpretando a Jorge de Burgos
En el lado contrario, encontramos al anciano y ciego Jorge de Burgos, representante del pensamiento arcaico de la Iglesia, contra la renovación que supone Guillermo. Este personaje tenderá a emitir juicios favorables a la interpretación del castigo divino o apocalíptico frente a la investigación casi científica del recién llegado. Algunas características del personaje, como su ceguera y su nombre son un pequeño homenaje de Eco a Jorge Luis Borges, a quien admiraba. Feodor Chaliapin Jr. lo encarna a la perfección.

A nivel interpretativo, Sean Connery destaca con sus dotes artísticas, consiguiendo un contundente Sherlock Holmes algo envejecido y medievalizado, perdón, un Guillermo de Baskerville. El joven Christian Slater proporciona a Adso ese aura de pureza e inocencia que el personaje reclamaba,; este papel supuso un salto en su carrera.

Ron Perlman, que despegó en el cine gracias a Annaud y su En busca del fuego, vuelve a trabajar con el director para interpretar a Salvatore de Monferrate, un personaje que se adecúa en cierta forma a su físico, mejorado gracias al gran maquillaje de Hasso Von Hugo, y donde el actor consigue destacar, siendo a veces un ser monstruoso del que el espectador puede sentir lástima, miedo o una fría indiferencia odiosa, actitudes caracterizadas por distintos personajes en la película.

Ron Pearlman como Salvatore
Por otra parte, Valentina Vargas consiguió fama mundial gracias al film, quizás no tanto por sus dotes interpretativas (dada su escasa presencia en escena), sino por esas miradas y esos movimientos que proporcionaban una gran sensualidad al personaje de la mendiga, característica necesaria para el personaje que debía cautivar al joven novicio Adso y enamorarlo con tan solo una mirada.

En definitiva, estamos ante una película bien ambientada, que aporta una perspectiva más centrada en la investigación de un crimen y en el amor que la obra en la que se basa, pero conservando con acierto algunas escenas sobre discusiones teológicas y culturales más extensas y propias de la novela. Annaud consigue entretener al espectador aportándole lo esencial de la obra de Eco, creando un film disfrutable que, pese a unos efectos envejecidos, se mantiene con buena salud y atractivo.


Escrito por Luis J. del Castillo


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