En tres, dos, uno... (II): Cortos de homosexualidad

28 septiembre, 2012

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Proseguimos nuestra andadura mensual de cortometrajes con una temática muy concreta: la homosexualidad. No en vano, hace poco hemos reseñado una novela con relatos cuyos personajes viven esta orientación sexual, ahora observaremos historias cinematográficas que nos muestran también personajes de este tipo. Las hemos encontrado navegando por la red, pero os recordamos que podéis enviarnos vuestros cortos para analizarnos y promocionarlos gratuitamente -aceptando nuestras críticas, por supuesto-.

Así pues, en esta sección, recordamos, analizamos tres cortos de forma mensual, con los aspectos del argumento, la actuación y los aspectos técnicos, y un apartado dedicado a la música. Aportamos la opinión personal de nuestro equipo, y sin demasiados preámbulos, pasemos a ello.


Corto:  
Todo queda en familia
Realizado por Luis Fabra, con la producción de Escándalo Films.

Historia:
Lo que podría comenzar como una historia típica, se va tornando en estrambótica según avanza el metraje. El aviso está claro con la secuencia inicial, donde acaban con la vida de una pobre mariquita. Las dudas sobre la sexualidad de su hijo agobian al protagonista del corto, un excelente Chete Lera que nos muestra la angustia de esa incomprensión de algunos padres, asumiendo el papel de un hombre con unos modelos tradicionales en su cabeza, que nos podría recordar a personajes humorísticos tan queridos por el público como Mauricio Colmenero o Antonio Recio, pero sin ser histriónico ni resultar una burla, estando bien trabajado tanto por el actor como por el guión. No es fácil para algunas personas asumir la orientación sexual de sus hijos, aunque bien podríamos pensar en un principio varias hipótesis. Durante el visionado se me ocurrió como final con giro interesante que el padre se revelara gay pese a su aprensión inicial, quizás la expresión de su reprimida sexualidad; la situación de varias personas en épocas menos abiertas como las vividas en la actualidad.

En papeles relevantes, Alejandro Cano como el hijo y Blanca Martínez como la madre, ocupan también una interpretación excelente, aunque gran parte del mérito se lo debemos a un guión que, si bien tiene muy buenos puntos, también comparte algunos elementos que nos podrían parecer surrealista a primera vista. El ejemplo lo encontramos en la cercanía de la madre al preguntar sobre drogas, en este caso, marihuana, con su hijo, más teniendo en cuenta que están delante del resto de la familia. Un ambiente muy distendido, con la nota discordante del padre angustiado, el único que parece mantener el pensamiento de familia a la antigua, aunque, como nos demuestra posteriormente, también es capaz de fumar como el resto.


La cercanía y la comprensión de la madre, especialmente en el diálogo que pertenece a una escena ambigua (en la que es posible que sea sueño del padre o realidad), se parece corresponder al cliché, pues no es la primera ocasión en que se muestra a la madre más comprensiva frente al padre más autoritario. Es curioso, por esta parte, que pese a la muestra de modernidad del corto, con la aceptación del consumo de marihuana o la conversación amena sobre sexo, recurra a un tópico perpetuado en el modelo familiar más tradicional.

Por otra parte, el corte humorístico, con gran acierto incluso en el final, que nos deja con una sonrisa en los labios difícil de evitar, se detiene en el pequeño monólogo que realiza el padre. Y este es el punto más delicado del corto, precisamente para el que se había estado preparando antes. Podemos estar de acuerdo o no con su planteamiento, pues parece preferir la ignorancia de la realidad a asumirla y comprenderla, aceptándola solo porque quiere a su hijo, pero sin querer saber realmente cuál es la vida de su hijo. Es un monólogo para reflexionar, lo que lleva a que un corto que en principio parecía una típica comedia familiar, se convierta en algo más. Es una pena que, a nivel de seriedad, sólo se quede en eso, pero se le puede perdonar por los buenos toques de humor y la sonrisa que nos puede levantar.

Actuación y aspecto técnico:
Aunque obviamente podríamos dedicarnos a hablar de la actuación muy bien realizada por Chete Lera, comedido y sin resultar pesado, con esas frases acompañadas de las expresiones precisas y contundentes; pese a que podríamos decir que Alejandro Cano plantea bien al joven típico, con naturalidad y aportando con sus gestos la ambiguedad necesaria para el personaje, o incluso a poder comentar que Blanca Martínez encaja bien en su papel de madre comprensiva, alejada a su vez del papel de madre y más cercana al de amiga confidente; a pesar de todo ello, el gran mérito interpretativo de este corto se lo debemos a una pobre mariquita que, en el principio, y acompañada de la música precisa, con un enfoque perfectamente cuidado, nos demostrará lo cruel que es el mundo o lo fácil que resulta para un insecto acabar aplastado por las ruedas del destino, en este caso, de un coche.


Esa introducción forma de por sí un mini corto que sirve de introducción a otro mayor, y que deja paso a los créditos iniciales donde pareceremos entrar en una comedia familiar al estilo de algunas películas americanas de éxito en su momento como Los padres de ella. Chete Lera y Blanca Martínez dejan perfilados a sus personajes antes de bajar del coche, y la cámara ya se encargará de hacer zoom en los lugares necesarios para acompañar a los gestos angustiosos de un padre que no acaba de aceptar la hipótesis de su mujer.

El caso del resto de actores, casi en el papel de extras con casi nulas interpretaciones, se mantienen justo en su papel de familia abierta, cercana y enrollada. Una familia que pese a ser así, almuerza el día de Pascua como cualquier familia formal, aunque eso sí, disfrutando de unos bonitos terrenos, con su césped y su lugar de juegos, donde el sitio más descuidado, de tierra, es reservado para la escena más importante.

Música:
Importante desde el principio, el factor musical en este corto comienza con la Mañana de Peer Gint en lo que aventura ser un buen día para un documental de la mariquita silvestre, tercio que cambia rápido a una música que recuerda, como mencionamos antes, a las comedias estadounidenses. Un gran trabajo en sonido que encaja con las escenas del corto y que, además, deja para el silencio el monólogo serio, momento donde las palabras deben llenar al espectador.

Y con esta música se potencian las escenas, podemos ver un claro ejemplo en el zoom de la cámara al principio en los gestos del hijo acompañados por las expresiones del padre y la música adecuada para hacernos sonreír, cómplices de la sospecha del padre. La conjunción perfecta para pasar unos minutos agradables disfrutando de un corto que, además de contar con momentos para la risa, nos puede llevar a realizar hipótesis durante la trama y a dejarnos pensando, lo que, hoy en día, se agradece.



Corto:  
No soy como tú
Dirigido por Fernando Figueiras y escrito por Esther García Amaro.

Historia:
Después del almuerzo familiar del anterior corto, nos vamos a un despertar resacoso. Tras una noche inolvidable, Hugo comienza el día acompañado de otro hombre, David, revelando así su verdadera orientación sexual. Lo que parecía ser el rollo de una noche alocada y embriagada por alcohol, se torna en una convivencia forzada durante todo un día, donde se revelarán los verdaderos pensamientos de Hugo sobre su sexualidad y el pánico de que salga a la luz.

Jordi R. Bobet
Todo lo ganado en la vida por Hugo es debido, según considera, a ser heterosexual, como su posición en la empresa y su pasado junto a la que era su mujer. Ello provoca el rechazo de la persona con la que ha pasado la noche, alguien que, aunque observa su indecisión, también es víctima del rechazo con que Hugo se trata a sí mismo y a los que son como él. David, por el contrario, sabe quién es y ha afrontado su orientación sin rechazarse, pero no puede dejar que Hugo lo trate así.

Así el guión, sólo con dos personajes presentes, logra mostrarnos su pretensión, una situación en la que algunas personas se verán representadas, tanto en uno como en otro personaje. En ocasiones, asumir la identidad sexual de uno mismo cuesta, aún más si toda tu vida lo has estado negando. El argumento se desenvuelve con facilidad a través del día, mostrando un hecho que impide que se puedan seprare y que Hugo acabe por mostrarse tal y como es. Pese a los intentos de su amigo por mostrarse cercano o romper el hielo, nuestro protagonista lo evita, consiguiendo que los gestos y el lenguaje físico hable en vez de sus palabras.

Actuación y aspecto técnico:
Jordi R. Bobet y Ventura Rodríguez son Hugo y David respectivamente, los personajes principales del corto. Y ambos desarrollan su actuación de forma muy distinta. Jordi R. Bobet tenía en sus manos a un arquitecto con problemas de identidad sexual, reprimido y que mostraba una furia para quienes, como David, sí mostraban su verdadera forma de ser. El papel no era sencillo, y aunque gestualmente puede conseguir su objetivo, su voz le falla y lo lleva a sobreactuar, como si estuviera en una obra teatral y no en un corto. Le falta naturalidad en los tonos de la voz y no nos podemos llegar a creer el papel que interpreta.

En el otro lado está David, Ventura Rodríguez, que consigue fundirse con su personaje, actuando con una naturalidad que sólo se encuentra en el tecnicismo de la voz de Belén Ruiz, quien aporta el tono más realista con su aporte como presentadora de informativos invisible. Con la voz de la madre de Hugo sucede lo contrario que la locutora de informativos, en este caso vuelve a faltar naturalidad y sus preguntas están invadidas de un tono artificial. Pero regresando a Ventura, sólo podríamos destacar como defecto algunos aportes artificiales en su conversación con Hugo en el sofá, el resto del metraje consigue que le creamos, que nos convenza, aunque no lo conozcamos como llegaremos a conocer a Hugo. Su imagen final, alejándose de aquella noche y concluyendo así al relación con la persona que lo había despreciado. Un buen final con la voz en off avisando de que ese número no existe que da por concluída esta relación.

Ventura Rodríguez
A nivel técnico, debemos alabar la buena calidad de la cámara, con tonos suaves y buenos encuadres. Diferente es el caso del sonido, que se pierde según hacia donde miren los actores, provocando pérdidas de audio en la conversación. Esto provoca una descompensión entre la calidad de video y la de sonido que nos provoca cierta sensación agridulce con la que no podremos disfrutar completamente del corto. Disfrutad de la fotografía, especialmente la imagen de David sentándose en el suelo.

Música:
La falta de música es general en el corto, lo que nos lleva a silencios continuos o algo incómodos, salvo cuando hay efectos de sonido, como coches, televisión, que poco tienen que ver con otros cortos que hemos visto en este mismo espacio. Es sólo la introducción del corto la escena más larga con música, situada bien y donde disfrutamos quizás de la gestualidad de Jordi R. Bobet en el típico despertar de lo que, en principio, parece un día cualquiera. No volveremos a escuchar música como tal hasta el final, con una melodía que conlleva cierta oscuridad o soledad y que se apaga para dejar espacio a la última frase.



Corto:  
El aprendiz de rimas
Dirigido por Joselo Ruedas y Fernando Sonora, producido por Cabeza Films.

Historia:
Cruzamos el charco y nos rejuvenecemos para ver este corto. Con acento cubano observaremos el primer amor de Yuniel, un sentimiento que todavía no parece comprender y que calla, aunque para su abuela parezca ser evidente. Cristóbal es el chico en el que no puede evitar pensar, él parece más interesado en las chicas y en irse de Cuba, atravesar la frontera. La desesperación de su marcha lleva a Yuniel a preparar unos versos de despedida, unos versos que quizás lo lleven a descubrir que algo más lo une a Cristóbal.

Esos serán los versos que se repitan a lo largo del corto en varias ocasiones, todos hacen referencia a un nombre que desconocemos, pero que se hará evidente. La cámara nos lleva a visitar diferentes sitios en la vida de un adolescente, para comenzar su grupo de amigos, que siempre son variados en esa edad y donde entran revolucionarios, confusos o indiferentes. El estilo de vida cubano se refleja en estos jóvenes y en la casa de Yuniel, quien vive con su abuela, una especie de confidente que hace sus pequeños aportes entre la gracia y la complicidad con el espectador. En los diálogos entre Yuniel y Cristóbal se habla entre líneas, dejando huecos que ni ellos entienden del todo, pero que siembra la raíz del beso anunciado casi al principio.



Realmente, la historia como tal no nos aporta demasiado ni puede parecer del todo original, pero resulta una interesante visión de las dudas en la adolescencia respecto a la orientación sexual, también del miedo a revelarlo, de la complicidad con quienes nos entienden más que nosotros mismos y de la situación de Cuba. Sin olvidar la tristeza de los que, queriéndose, han de separarse.

Actuación y aspecto técnico:
En este apartado no hay mucho a destacar, lo cual no es negativo. Las actuaciones juveniles no resultan superfluas, sólo hay ocasiones en que se refleja cierta duda al hablar, aunque se perdona porque esas dubitaciones también forman parte de la idiosincracia de los jóvenes y de la esencia del corto. El personaje revolucionario cumple su papel, las chicas hacen pocas intervenciones y los actores principales cumplen, especialmente Norberto Rodón, que interpreta a Yuniel y logra recrear bien las características de las que ya hemos hablado.

Mención aparte se merece la abuela de Yuniel, porque no hay otro nombre para Natalia H. en este corto. La actriz logra ser su papel, no parecerlo, sino serlo. Con pocas intervenciones logra que nos creamos que ella es la abuela y nos recrea todo un personaje que, con sus pinceladas, proporciona una cómplice -en ocasiones no deseada- para Yuniel, sin quitar mérito a la naturalidad con la que se desenvuelve.



La calidad técnica está servida, aunque no innova ni hace demasiados malabarismos. Se podría decir que el corto no arriesga, aunque realmente el tema tratado pueda resultar arriesgado en la sociedad americana, donde según qué países todavía no hay una apertura a la orientación sexual.

Música:
Los momentos musicales son reservados en este corto para escenas concretas. Siempre hay música entre los versos de Yuniel, pero no en sus conversaciones. El ruido ambiental es lo que se sobrepone en esas escenas mudas musicalmente hablando. Cuando suena la voz que recita, siempre viene precedida y finalizada de una melodía justa y sensible que recuerda a los acompañamientos musicales de otros poemas recitados. Suena a guitarra principalmente y nos transmite los sentimientos de quien habla. Pero sabe a poco.
La canción final fue compuesta para este corto y sirve bien como conclusión para la marcha de Cristóbal y la soledad de Yuniel, quien se queda esperando su posible retorno.


Por este mes, es todo sobre cortos. Para el próximo ya tenemos seleccionados tres de animación relacionados con la próxima festividad inglesa de Halloween. Y recordad que estamos abiertos a recibir cortometrajes amateurs para analizar y, por tanto, promocionar, en nuestro blog, contactad con nosotros sin dudarlo.
 
Escrito por Luis J. del Castillo


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