Otros mundos (0): Presentación

15 agosto, 2012

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El mundo de lo inexplicable, lo desconocido, lo paranormal (no, no vamos a hablar de política), es un tema que interesa, pienso, prácticamente a todo el mundo, pero que no siempre va acompañado de una adecuada información. Páginas hay, y alguna notable, pero dar con ellas es lo dificultoso, casi tarea de nigromante. El material hallado no es siempre el más aconsejable, siendo lo habitual penetrar en el reinado del lugar común, la leyenda urbana o el comentario espeluchado. Este es un blog de cine, música y literatura que pretendemos, modestamente, de interés algo más que anecdótico, y con esta nueva sección no se persigue otra cosa. Quiere esto decir que, no por tratarse de un tema tan singular, vamos a dejar de hablar de aquellos libros que de alguna manera, fueron significativos, tanto por el tema abordado, como por estar bien escritos.


Sin pretender saberlo todo, que no es el caso, vamos a desgranar a través de esta sección, una serie de libros -en consecuencia temas- interesantes sobre tan espinosa materia (o inmateria), para que, como nos decía el recordado Fernando Jiménez del Oso, sea el lector, en este caso, el que disponga de la mayor cantidad de datos fiables para poder sacar sus propias conclusiones. Nuestro grano de arena consistirá en ofrecer, a medida que el tiempo lo vaya permitiendo, una selección de obras de referencia, que no por atesorar riqueza en longevidad, resulten menos atractivas e interesantes para el lector actual. De ese modo uniremos nuestro cariño por los libros y las pasadas ediciones, con el interés por todo aquello que se oculta en el Baúl del terrícola de a pie. Y es que dentro de la divulgación esotérica, llamémosla así, existen también niveles de calidad. Naturalmente, los títulos aquí ofrecidos, serán producto de una selección totalmente personal pero, espero, transferible.


Esta sección retoma el nombre de una conocida colección de libros sobre el tema publicada por Plaza & Janés (concretamente, de 1967 a 1981, aunque prosiguiera hasta 1985 bajo el epígrafe de Realismo Fantástico u Horizonte), que a su vez tomaba prestado el título de una no menos célebre sentencia del escritor francés Paul Éluard, que venía a decir aquello de que “existen otros mundos, pero están en este”, con todo lo que ello implicaba. Y en este juego de cajas chinas no resulta desacertado constatar la influencia de la sentencia que Hamlet dedicaba a su amigo Horacio en la obra de Shakespeare de igual título, en la que le decía “hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sospecha tu filosofía”. Y así hasta el principio de los tiempos.

Habrá muchos autores relevantes en esta colección, como corresponde a una época fértil y de calidad como fue las de los 60 y 70. Algunos solo están relativamente olvidados, digamos que en estado de hibernación. Otros son bastante conocidos por el aficionado, pero nuestra labor será la de comenzar de cero. Y si me apuran, pueden leer estas obras, ¡incluso como excelentes piezas de ficción!


La extrañeza ante lo extraño

¿Qué pretende esta sección, libros aparte? Vayamos a un ejemplo práctico. Año 2009, un debate (renuncio a llamarlos tertulias) en un conocido espacio de la radio española (la televisión hace tiempo que dejó de interesarme), donde el tema es “¿Cree usted en los Ovnis?” Observar, en primer lugar, que tras lustros de aplicada información -o visto el resultado desinformación-, se nos presenta un coloquio donde se sigue planteando el fenómeno de los no identificados en clave de fe, de creencia. Al año siguiente vuelta al asunto (para que luego ellos mismos se quejen de la excesiva recurrencia del tema), y donde las tres razones “racionales” que se esgrimían para explicar la fascinante cuestión eran -no las reinterpreto, las transcribo, conservo todos estos audios, aunque solo sea como valoración sociológica: a) Stephen Hawking chochea (tal cual) al proponer la posibilidad de vida en otros mundos, b) alucinaciones, producto de nuestros miedos y frustraciones; y la mejor c) consecuencia de la crisis del petróleo del 73 (que por lo visto aún padecemos).


Por desgracia esto no es una excepción. Basculamos con alegre frecuencia del hay-que-estar-abierto-a-todo -campo abonado para el relativismo-, a la más mostrenca cerrazón, a veces invocando a la Ciencia con mayúscula, pero siempre propiciada por la falta de información (por muy formado que sea el experto en cuestión en su profesión particular). Pues bien, el único dato objetivo esgrimido en el coloquio fue uno muy científico: la famosa retransmisión radiofónica que del clásico La guerra de los mundos de H.G. Wells llevó a cabo un joven Orson Welles para la CBS en 1938. La conclusión era que como los americanos son tontos del capirote, el fenómeno debía por fuerza ser otro camelo.


Sin menoscabo para todo lo bueno que la ciencia nos ha deparado, lo cierto es que en 2009 o 2010, que un programa que pretenda formar (o informar) al oyente sobre un asunto tan complejo, y con independencia del medio, plantee la cuestión en idénticos términos que en 1969 resulta cuanto menos chocante, aunque muy ilustrativo. Si fuéramos perversos sería fácil concluir que el humano está (pre)destinado o condenado a repetir los mismos tópicos y no aprender nada de si mismo ni de su pasado, pero como queremos ser benévolos y asegurar que los egipcios fueron la única civilización en el mundo cuyos conocimientos, parece que abundantísimos, no pasaron a las generaciones posteriores, convengamos que cada cierto tiempo es necesaria una buena tarea de divulgación (que no todo es cuestión de tecnología), para no caer en las edades oscuras, aunque estas sean digitales. Aparte de que suponer que la ciencia lo sabe todo es pura soberbia.


En cualquier caso, mi más rendida simpatía a los estupefactos -más que indignados- oyentes del citado programa, para los cuales la desinformación y el empecinamiento no son las únicas constantes del universo. Tuvieron motivos para su asombro, en el programa (mismo espacio) dedicado a los cuarenta años de la llegada del hombre a la luna, el veterano periodista que retransmitió el evento sentenció que aquello “no significó nada” (literal).

Creer no es, por tanto, la clave, a pesar de ser el lema de una popular y estupenda serie de televisión. Como constataremos, una cosa es creer y otra es saber. Así, la información será el único motor que nos permita interesarnos por lo trascendente. Y a partir de ahí se podrá debatir hasta hartarse.


De ese modo, aún sin pretender -insisto en ello- saberlo todo, miraremos de cuando en cuando al cielo (el nocturno es más agradecido), con cuidado de bajar la vista para no tropezarnos, recordando que el universo también existe y que podemos sonreír a esas personas a las que parece que les fastidia que pueda haber vida en otros lugares, a veces con absoluta irritación antropocéntrica, fraudes aparte (que siempre los habrá).

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