Clásicos Inolvidables (XII): Cartas marruecas, de José Cadalso

28 mayo, 2012

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Dentro de la literatura de la Ilustración, de la cual ya hemos visto El sí de las niñas, de Moratín, nos dirigimos ahora a la prosa de la época a través de una obra epistolar: Cartas marruecas, de José Cadalso.  Es importante recalcar que el movimiento ilustrado, como ya dijimos, buscaba la utilidad en el arte, y así sucedía con la literatura. En esta época surgen, precisamente, los ensayos, textos escritos en prosa que pretendían divulgar ideas científicas para el bien común, llegando a la razón, motor principal de una sociedad feliz y equilibrada. Y como fuente difusora de todos estos textos, el periódico, que tendrá su auge en el siglo XVIII, llegando a publicarse más de cien en España, aunque debido a la censura y la represión sufrida a finales de siglo por el miedo a una revolución social el número de periódicos descenderá de forma drástica. Estos periódicos fomentaron la aparición de ensayos breves cuya forma se iría acercando al artículo periodístico de autores del siglo XIX, como Espronceda o, más conocido por este tipo de obras, Larra.

Salón donde se transmitía los pensamientos ilustrados
Debemos tener en cuenta que no podemos hablar de novela, pues este género tendrá su formación a partir del siglo XIX, retroproyectando el término a obras narrativas anteriores. No obstante, sí existían elementos novelescos en las Cartas marruecas, que tratan más de realizar un retrato objetivo de España y de sus habitantes, en algunos casos con carácter moralista e ilustrado. Fueron publicadas por entregas póstumamente a lo largo de 1789 en El Correo de Madrid. Cadalso había fallecido en el asedio a Gibraltar en 1782, días después de haber ascendido a coronel. Su vida estuvo marcada por los viajes por Europa de su juventud, por su romance trágico con María Ignacia Ibáñez, fallecida prematuramente por tifus, y por las tertulias y círculos literarios en los que se movió, tanto en Madrid como en Salamanca, donde coincidiría con autores como Moratín, Tomás de Iriarte o Menéndez Valdés. Todas estas influencias le valieron para escribir dos obras en prosa fundamentales de esta época: Noches lúgubres y Cartas marruecas.

José Cadalso y Vázquez (1741-1782)

Noches lúgubres
Noches lúgubres indaga en el corazón, en la parte sentimental del ser humano, el otro peso del equilibrio ilustrado. Una obra que merece otra entrada y que supone la introducción del género sepulcral, muy importante en Inglaterra y que Cadalso imita, especialmente a Young, uno de los autores más importantes de esta temática.

En el caso de las Cartas marruecas, sigue el modelo que marcó Montesquieu en sus Cartas persas de 1721, obra exitosa que se convirtió en un modelo para otras similares, como es el caso. Además, el género epistolar estaba en auge en esta época, por lo que una adaptación de este tipo era fácilmente posible. La idea de este tipo de obras era ofrecer diferentes puntos de vista de algunos temas, especialmente las costumbres de un país, observando vicios y virtudes de la nación, en la tendencia que podríamos denominar costumbrismo y que alcanzará su máxima representación en las novelas de costumbres del siglo XIX. 

Cartas marruecas
Para ofrecer utilidad en estos comentarios, se mezclan opiniones de nativos y de ajenos al país, estando los segundos limpios de patriotismos, sin estar afectado por prejuicios, lo que les hace ser imparciales, aunque será una imparcialidad superflua, pues el autor es el que habla a través de esos personajes.

A través de noventa cartas, precedidas de una introducción y concluidas con una nota final y una protesta del editor, Cadalso nos muestra la correspondencia de tres personajes, hombres sabios y racionales, que tratarán diversos temas. En la introducción Cadalso se muestra como editor de este compendio de cartas que le ha cedido un amigo y que ha tenido que revisar y reescribir para los lectores, por esta cuestión aparecen varias anotaciones a lo largo de las cartas señalando partes ininteligibles para el editor o posibles confusiones de palabras. 

De esta forma, realiza el autor el papel de un falso editor, que le sirve para proporcionar veracidad al texto, de la misma forma que Cervantes hizo con su Quijote, al que menciona como obra satírica útil por criticar las costumbres, una visión de esta obra muy extendida en esta época. No obstante, defiende la publicación de estas cartas por tratar temas filosóficos y de costumbres, pero sin alcanzar temas políticos o religiosos, una declaración contra la censura, que, pese a ello, caerá sobre esta obra. Sobre los temas tratados, intenta expresar un justo medio, tratando de no ponerse en ningún bando, ni conservador ni reformista, pues pretende usar la razón para llegar a la mejor conclusión. Esta idea se repite a lo largo de la obra por parte de los tres personajes que componen el trío de destinatarios y remitentes: Gazel, Nuño y Ben Beley. 


En el primer caso, se trata de un joven marroquí que acompaña al embajador y que se quedará en España para estudiar las costumbres, a las que se adapta, vistiéndose de cristiano y haciendo amigos en el país, especialmente Nuño. Él será el encargado de introducirlo en círculos cristianos, especialmente en las tertulias; es un filósofo que le enseñará sobre las costumbres y la historia de España, coincide en algunos datos biográficos con el autor, Cadalso, pudiendo ser su voz principal dentro de la obra. Desde Marruecos estará la figura de Ben Beley, maestro de Gazel que no llega a visitar España y que suele escribir en sus cartas reflexiones generales que abstraen lo dicho por Gazel y Nuño, tratando de aleccionar con reflexiones universales.

Carlos III y el embajador marroquí
Gazel es el autor de la mayoría de las cartas, siendo el único que escribe en un principio. Caldalso escoge Marruecos por la verosimilitud, razón que señala en la introducción, pues no hubiera sido coherente un personaje de un país más exótico, como Turquía, ya que era más posible la visita y el interés de un marroquí que de un turco o un persa. Gazel es, además, una mirada limpia, un hombre que se guía con la razón, como sus dos compañeros.

En esta idea redundante a lo largo de la obra se alude en la primera carta, donde se describe el contexto de las cartas, criticando otros análisis superficiales sobre los países mientras en este caso Gazel se sumerge en España. Se describen a Nuño y Ben Beley como personas racionales, el primero como persona que ha sufrido un desengaño y al segundo como un gran consejero y maestro.

Las cartas, escritas de forma divulgativa, sin contenidos eruditos, nos muestra de forma clara la ilustración insuficiente que había en España, con grandes contradicciones. Por una parte, Cadalso critica al siglo XVI y al XVII y defiende el nuevo pensamiento ilustrado, pero, a la vez, muestra que todos los errores provenientes de esos dos siglos fueron por influencias extranjeras, que censura. El pensamiento ilustrado es, por otra parte, otra influencia externa y en España ha sido principalmente la casa de los Austria la encargada de llevar a cabo las reformas, pero Cadalso alaba a la casa de los Trastámara, dinastía anterior, por ser puramente española. Esta temática aparece en la tercera carta, donde, realizando un repaso a la historia de España, admira y exalta el valor de los españoles y a los Reyes Católicos como los mejores monarcas españoles, encargados de unificar la penínusla y expandir el cristianismo, mientras que tras ellos comienza una decadencia debida a una dinastía extranjera: la de los Austria, que gastará más en cuestiones extranjeras y que perderá el esplendor obtenido. 

Rendición de Granada, de Pradilla, donde los Reyes Católicos unifican España
En la carta IV marca Cadalso la diferencia entre la nobleza del siglo XVI y del siglo XVIII, siendo la primera ensalzada como ejemplo de lo mejor de España y la segunda criticada por las ideas ilustradas y por ser nobles que no han ganado ese prestigio por méritos propios, sino por herencia. Es una muestra de estas contradicciones de insuficiencia ilustrada.

Critica que los vicios eurpeos se han extendido frente a las virtudes nacionales, algo que también mencionará en la carta XXI; reconoce los vicios de España, pero en su argumento muestra que todos no son realmente de origen español, sino extranjero, pero los habitantes han considerado que lo son y los han defendido arduamente como patriotas. Se redunda en esta influencia negativa de Francia, principalmente, en las cartas XXXV y LVI. Será en la carta LXXVIII cuando critique la mentalidad anticuada del sabio escolástico y defienda que el nuevo pensamiento extranjero mejorará a España.

Voltaire en la corte de Federico II de Prusia, por Tafelrunde
Como su contertulio Moratín, también criticará la educación de los jóvenes, haciendo hincapié en la que reciben los primogénitos nobles, los beneficiados por el mayorazgo y que no se forman realmente, siendo ignorantes que necesitan de otras personas para valerse en distintas cuestiones. En este sentido, la carta VII muestra la superficialidad en la que viven este tipo de personas, rechazando el saber y disfrutando de la fiesta. En la carta XIII critica cómo la nobleza hereditaria no es positiva, pues los méritos para obtener el título nobiliario pertenece a los antepasados de los actuales nobles, que no tienen las mismas virtudes. Siguiendo con la educación y el reparto del conocimiento, es elitista, criticando en la carta XXIII los debates escolásticos por ser una discusión sin utilidad y en la carta LIX a los libros, que deberían repartirse en tres géneros según los diferentes tipos de personas: para el pueblo, al que destina libros fantásticos, para la clase media, al que destina libros especializados pero simples, y finalmente, a una élite compuesta por los dirigentes políticos y los príncipes, con libros críticos, imparciales y justos.

Finalmente, cabe destacar el tema de América, tratado en la carta V, sobre el cual Cadalso mostrará su admiración hacia los conquistadores americanos y señalará que hay críticos europeos contra esta conquista, pese a que él considera que fue positiva, pues llevó una cultura contra la barbarie. Debemos considerar que realmente fue una destrucción de civilizaciones hoy en día condenable, igual que las conquistas realizadas por otros países europeos en todo el continente americano.

Hernán Cortés, alabado por Cadalso
Es una obra que no ha trascendido, en parte por el poco interés que pueden suscitar las obras ilustradas, aunque trata temáticas que aún siguen en debate, como la importancia de invertir en ciencia o la frivolidad del consumismo. Interesante como obra divulgativa, aunque si os embarcáis en la aventura de su lectura, no esperéis encontrar una novela al uso.


Escrito por Luis J. del Castillo

2 comentarios :

  1. Buenos días,
    Me ha sido de mucha ayuda vuestro artículo sobre Cartas Marruecas para un trabajo de la universidad. Os animo a seguir con las buenas reseñas, pues vale mucho la pena lo que hay en este blog!

    Besos.
    Idoia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario, Aiodi.
      Me alegro que esta reseña y repaso a la obra de José Cadalso te haya servido para tu trabajo. Espero que sigas visitándonos.

      Un saludo,
      Luis J.

      Eliminar

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